Humo

– Feo, gordo, imbécil y encima no sabe hacer la “o” con un canuto: ¿cómo coños se puede ir así por el mundo? Y, por favor, que le meta de una vez un calcetín en la boca a su mujer, que no hay ser humano que la aguante. No sé si lo suyo es hipertiroidismo extremo o que es gilipollas a secas.
-Eres muy cansino. Te encanta repetir una y otra vez el diálogo de esa escena de “Desmadre a la americana”. Cómo te pasas. Aunque en parte tienes razón, creo que si le miraran el cráneo descubrirían que dentro sólo tiene un paquete de Tranchetes.
– Por cierto, Bobby Sand me ha decepcionado profundamente. Como saxofonista muy bien, pero no veo cómo te pudiste empiltrar con él, a no ser que le llegue hasta la rodilla.
– Sí, su lengua parecía que me llegaba hasta la rodilla.

– El queso de lonchas ya no es lo que era.

Este verano, cuando regresábamos a Madrid, se podía divisar ya desde muy lejos su apestosa boina de humo. Un avión despegó de Barajas mientras entrábamos por el sendero antigua Nacional II; ¿qué destino visitaría ese aeroplano relleno de felicidad? Posiblemente iría cargado de gente que partía a pasar los últimos días de sus vacaciones a ciudades muy chic como Asterdam, London, Belín o Nuiva Yor. Los más lumpen de ellos, los que antaño se criaron en el extrarradio de la capital y hoy trabajan en grandes empresas multinacionales, visitarían durante su estancia en esos lejanos países las tiendas Zara construidas por Amancio en el extranjero para dar salida a la moda patria, y comprarían ropa al doble de su precio. Sin embargo, los más listos de este grupo sociológico prefirieron durante esas jornadas anuales de ocio asaltar Visa en mano los almacenes GAP, sólo porque suena mucho más enrollado y molón que eructos hispanos como Berska o Springfield. También, todos en tropel, acudirían a las tiendas de electrónica y telefonía para captar qué es lo que está de moda eléctrica allende nuestras fronteras. Ellos sueñan con tener hijos bilingües y potentes ordenadores tatuados con la manzana pocha de McIntosh, yo con que su avión de regreso se estrelle sobre el mar Cantábrico.

Bill Gates es un hijo de puta con salero, un ladrón de guante sucio que se carcajea en las barbas de los bienpensantes cuando le dan premios a la cooperación internacional. Yo no he llorado la  muerte de Steve Jobs, yo soy fan de Samsung y del locutorio pakistaní de mi barrio en el que desbloquean sin rubor los móviles de última generación que os roban. ¿Por qué tanto imbécil lamenta hoy el fallecimiento de ese hombre aficionado a las grandes presentaciones de humo, ese homo sapiens adorado por los que amaron en el pasado el Spectrum y el Power Point? Soltaron la lagrimita en sus casas y luego conectaron la caja tonta para consolarse viendo el programa de Punset fingiendo que son muy listos y que comprenden qué coño son los neutrinos. Cuando alguien se define a sí mismo como social demócrata, sobretodo durante su juventud, me hace desconfiar por sistema de él. Estomagante Harpo Marx de programas pseudo científicos, ídolo de bobos que creen comprender la teoría de cuerdas, hombre anuncio de Bimbo (más taladrante si cabe que Carmen Machi con su Activia) y social demócrata, todo en el mismo lote es ese señor. Pero os encanta la gente de voz suave y melifluo verbo.

¡Es el coltán, imbécil!, dijeron los negritos del Congo. Días más tarde, las juventudes Blackberry se conjuraron para protestar contra el capitalismo en una jornada de akelarre mundial en la que pedían que las hipotecas volvieran a estar baratas, el coltán a precio asequible y que retornase la vieja costumbre de una segunda copa gratis en el primer mundo. Como respuesta rápida de choque los somalíes raptaron a dos bienintencionados cooperantes. Las líneas  telefónicas se bloquearon con tantos washaps y twitteos que enviaron al mundo virtual las gentes de bien enfervorecidas para contar a sus amigos que estaban asistiendo a una mani, ¡joder, qué chachi! “Capitalismo sí, pero queremos nuestra tajada”, gritaban los gafapasta mientras se abrazaban con los hippies y fumaban juntos hachis suministrado por las redes de Al-Qaeda en el Magreb. Naomi Klein asistió a la multitudinaria cita vestida con ropa sin marca, pero con bragas de Women Secret.   Gadafi murió a manos de los barbudos. Una revolución con dos cojones para reinstaurar la poligamia. Los Travelsi huyeron de Túnez como alma que lleva el diablo, y con los cuartos que se dejaron olvidados en sus cajas fuertes se construirán unas cuantas mezquitas y se costeará alguna que otra lapidación. Es maravillosa la masa, la masa de esta “cultura humo” que expone los escaparates de sus superyos en los muros de Facebook y luego pide que les incluyan en “Listas Robinson”. Ese pueblo vil que sigue creyendo que la naturaleza es sabia y magnánima, que el hombre es bueno y merecedor de la salvación, que las futuras infectas generaciones se merecen heredar un mundo mejor. Os lo juro por mi Ipad. ¿Se acuerda alguien del chorizo plagiador de Alexander Graham Bell, y de Antonio Meucci? Monsanto alimenta a la muchedumbre del primer mundo con comida macrobiótica en los supermercados, con vida eterna en las farmacias y los herbolarios y con pantallas táctiles para que marquéis bien en ellas vuestros sucios dedos de primate en tránsito hacia ninguna parte. Sombras y ceniza, polvo, tempus fugit. A todos ellos, vosotros, va dedicada esta canción.

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~ por Joputa en octubre 26, 2011.

2 comentarios to “Humo”

  1. Joputa tiene abandonados a sus suscriptores. Soy Macquero e Ipadero y a mucha honra, los Samsung son una puta mierda y Gates lo peor.

  2. Buenisima versión de Edie Vedder, brutal. Necesito ladireccion de ese locutorio pakistani, tengo que liberar una mierda Orange, viva pakistan.

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