La noche más oscura

“Jane says, Jane says, Jane says”, grita Perry en mi gramófono. La guitarra de Dave Navarro no me disgusta, aunque siempre he preferido el toque loco de John Frusciante. Después, Perry hace suya la simpatía que muchos sentimos por el diablo; es un chico muy particular, que sus arterias resistan tantos excesos es ya un milagro. Anuncian que este yonqui será la estrella del Rock in Rio de este verano en Madrid. Me da escalofríos pensarlo. Shakira y Perry, estrellas del manoneo. Igual se la folla, aunque esa tía no tiene ni medio polvo siendo muy generosos. Si todos los asistentes a ese festival murieran de repente nos reuniríamos y brindaríamos por ello, podríamos contratar a De Juana Chaos para que les diera un escarmiento por ser tan detestables, con Titadine o con lo que él quisiera. Soy muy susceptible, y dicen que rencoroso. Tengo la suerte de haberme dado cuenta de que las palabras no significan casi nada, o nada, aunque tener constancia de ello también es una desgracia. A todo se le puede dar la vuelta, Hegel era especialista en llamarte hijo de puta mientras hacía parecer que eras una persona excelente. Cuando alguien dice que no sabe quién es Billie Holliday me está insultando. Disculpo que no sepan quién es Ronnie O´sullivan, pero que les suene a chino cuando les nombro a Raymond Carver es como afirmar, sin anestesiar y en crudo, que son gilipollas profundos. Y cuando salgo a la calle y veo a todo ese gentío alrededor del estanque del Retiro y continúan dándome nauseas y siento que deseo que caiga una enorme bomba de neutrones sobre ellos, entonces noto que estoy vivo y que llega la primavera, esa estación de mierda que viene inmediatamente antes de ese achicharrante verano que tanto me gusta y me da la vida. Apoyo mi guitarra sobre su culo y todavía, a pesar del desgaste, se sostiene de pié. El fenómeno climatológico de “el niño” afectará al clima planetario hasta mediados de año; luego dicen que se disipará, la temperatura del océano Pacífico volverá a bajar y todo quedará en lo de siempre, y el mar seguirá fluyendo pero al mismo tiempo permaneciendo buscando contradecir al pobre de Heráclito que se quedará con la misma cara de gilipollas de siempre al observar la gran mentira que es todo. Heráclito hubiese querido asesinar a Parménides. Aristóteles deseaba pisarle la cabeza a Platón, Schelling a Hegel, y así hasta el infinito, una cadena de asesinatos, porque las personas nos aborrecemos las unas a las otras. Yo les pongo buena cara, puro cartón, pero deseo su muerte; aprenderé a rezar para lograrla, como Fonollosa.

“Life’s a bitch and then you die; that’s why we get high, cause you never know when you’re gonna go”, la gramola sigue sonando. NAS chillando eso de que la vida es una puta. “Fish Tank” me ha gustado, la niña era tan cabrona como yo. Nosotros también intentaremos  marcharnos bien lejos, aunque es posible que sólo lleguemos hasta Cardiff. Hace unos días me llamaste indignada diciéndome lo hijos de puta que te parecían los niños de “Generación Ni-Ni”, te quejabas de que literalmente le habían restregado la polla por la cara a una de las niñas con las que compartían casa. El asunto parecía interesante, corrí a buscar ese video que prometía ser guarro, como a mí me gustan. La cosa pintaba bien, bien podrida a simple vista. Pude observar cómo un trío de psicólogos intentaban meter en vereda a unos enfants terribles, intentaban conducirlos hacia el redil explicándoles qué es lo bueno y lo malo, insertándoles en la sesera que quien mal anda mal acaba y todas esas mentiras transmitidas por el infecto orden social de generación en generación para perpetuarse. Acabé viendo tres programas enteros de aquel invento catódico, creo que imbuido por un irracional sentimiento de identificación grupal hacia aquellos groseros mozalbetes. Años atrás, muchos nos miraban con rabia porque decíamos que para identificarnos, para ponernos una etiqueta, iban a tener un serio problema; nos hacían gracia sus trajes de chaqueta y sus tacones, sus corbatas y sus calvas refulgentes. Adorábamos ponernos hasta el culo y berrear como Perry Farell cuando versioneaba colgado como un perro loco el “Sympathy for the devil”. Gritábamos que no creíamos en nada y que queríamos vivir de nuestros padres hasta que pudiéramos vivir de nuestros hijos. Gracias a Dios no tengo hijos, si hay una parte de la sociedad humana hacia la que siento especial repulsión es hacia la de los niños, esos insoportables subhumanos con licencia para cagar y matar. Pues bien, esos que antes pregonábamos a los cuatro vientos que no nos gustaba el “sistema” (sin saber qué coño significaba aquello, claro), esos que nos defecábamos en lo establecido, esas ratas de cloaca a las que nos encantaba hacer ruido y molestar a nuestros mayores, ahora nos hemos centrado hacia el camino recto; nos hemos cortado el pelo o se nos ha caído y nos rasgamos las vestiduras ante esos teenagers nihilistas que verdaderamente nos dan las respuestas. No queremos aceptarlo, nos cabréa su asombrosa genialidad. Asusta pensar que el desánimo, la tristeza y el sinsentido vital de esos gilipollas “Ni-Ni´s”, sus caras confusas de crío que no sabe por donde salir del atolladero, no son sino la imagen nuestra propia desdicha, esa que hemos conseguido ocultar bajo una capa de maquillaje, de hipoteca o de vacaciones en Bali. Nos hemos convertido en la sombra que nosotros mismos odiábamos, ya no pisamos el acelerador por las carreteras y nos ponemos guantes de plástico para echar gasolina; nos aterra lo que piensen de nosotros y despotricamos contra los políticos porque no son capaces de mantener nuestro nivel de vida a costa del de los de abajo. Somos la misma mierda que aborrecíamos. No, la vida no es muy larga como tú dices, la vida es muy corta, se escapa entre las manos, tan lejos, tan putamente cerca.

Entré en aquella clase y me sentaron con un tipo dos años más mayor que yo. No podían echarlo, por ley, hasta el año siguiente. La ropa de Jesús olía a sucio desde la otra punta del aula. Metía mano a las chicas en el recreo y las enseñaba la polla por un agujero que había en la mampara que separaba los servicios de tíos y de tías. Jesús pateaba por encima de la valla todos los balones que teníamos para jugar al fútbol en gimnasia y los recogía a la salida, desconozco qué hacía con ellos. A los tres meses de empezar el curso ya no quedaba ni una pelota que echarse al pié. Me abrió una brecha de una pedrada, yo le amenacé, pero él se rió. Se jactaba de que había follado a los doce en un descampado del Barrio del Pilar. Jugaba al fútbol en la Agrupación con ficha falsa, en equipos de chicos más pequeños que él a los que atemorizaba. Un día al año teníamos que traer juguetes nuestros a clase, era divertido. Jesús no tenía ninguno, se presentó en clase avergonzado con aquellas ropas de beneficencia que olían a mierda; nos pasamos la mañana jugando a hacer carreras con unas chapas de Mahou mientras los demás hacían el moñas con sus artefactos lúdicos. Por más que rastreo en este invento de internet no encuentro a este tipo, es posible que haya muerto o que esté entre rejas. Sospecho que nunca ha utilizado el Facebook. Un mes de mayo de hace ya más de veinte años crucé el Atlántico. Hicimos escala en Nueva York, en aquel enorme aeropuerto que olía a rayos. Tomamos rumbo hacia la costa oeste. Aquella noche hubo muchas turbulencias, votábamos en los asientos, pero mi hermana dormía tumbada sobre una fila entera sin inmutarse. Ahora mismo la escucho roncar y me siento igual de seguro que aquella madrugada. Aterrizamos y nos hospedamos en el Hilton de San Francisco. Desde la planta número doce, a lo lejos, se divisaba el letrero de otro Hotel que se hacía llamar Hotel California, pero sospecho que no era el de la sicalíptica canción. Me fumé un cigarro asomado a la ventana mirándolo, aunque nunca me gustó fumar. Tarareaba el “California dreaming” de los cursis “The Mama´s and the Papa´s”; ahora he descubierto que me gusta más la versión de Bobby Womack. Unos días más tarde cruzamos el océano Pacífico con el sol todo el tiempo poniéndose a los lejos, como huyendo de nosotros. Un gordo hawaiano dormía sobre la fila de asientos de  mi derecha, con los pies descalzos exhalando un tremendo hedor. Me bebí tres cubatas de Bacardí seguidos para anestesiarme, eran gratis, aunque nunca me gustó demasiado el sabor a colonia del ron blanco. Con el cuarto conseguí dormir un rato. Soñé con Loquillo cantando aquello de “siempre quise ir a L.A, dejar un día esta ciudad, cruzar el mar en tu compañía…”, aunque Loquillo nunca me cayó demasiado bien y yo no suelo recordar lo que he soñado dormido. Morfeo me transportó también hacia las escenas absurdas de Madrid que me acompañan todos los días. Madrid, cómo te odio, gran puta, eres la puta colmena que ignorante se mira el ombligo satisfecha, eres la noche más oscura. Martín Marco deambula por las calles haciendo tiempo hasta que da la hora en que puede irse a dormir a una habitación de un puticlub, un habitáculo que le ceden para que pase las grises madrugadas de su viaje sin rumbo hacia la nada. Hace frío, es la postguerra. Yo soy ahora Martín Marco, habito la misma ciénaga, tengo los mismos agujeros en los bolsillos; he viajado en la máquina del tiempo, pero son los mismos adoquines, los mismos transeúntes, la misa porquería insulsa, los mismos billetes con diferentes caras, todos pululando por este sepulcro, por esta cucaña. La noche más oscura. “Jane says…”…sol, la; sol, la; sol, la…

gachas@excite.com

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~ por Joputa en mayo 1, 2010.

5 comentarios to “La noche más oscura”

  1. Estoy a favor del exterminio de los que van al rock in rio, plenamente, que se les ajusticie por favor…

  2. sesenta y nueve euros por día con un cartel que se les debía caer la cara de vergüenza, eso es el rock in rio. Por desgracia yo si que estuve en la pasada edicion y coincido plenamente, deberiamos haber muerto todos nada mas entrar. la reunion de imbeciles era de limintes desproporcionados, y para colmo tocaba alejandro sanz. solo falto ricky martin. un triste espectaculo de gente que creia que estaba a la moda yendo a semejante lugar.

  3. rezumas hostilidad por los cuatro costados, que mala baba…me encanta!! Ah, yo también odio la primavera.

  4. Estás invitado a Galicia por supuesto, buen marisco (pulpito del rico), buen vino y mucha fiesta, el sol… depende, pero viniendo de Madrid no creo que busques eso. Aquí hay viento, aire, vamos, se respira…así que cuando quieras te montamos una fiesta festivaleira.

  5. Siempre me pasa lo mismo. Empiezo a leerte con la idea de pasar por encima de las líneas pero termino trándome letra por letra los tochazos con los que nos deleitas. Y además, amigo desconocido, joder, me siento tan extrañamente identificado…

    Creo que, como dice la amiga serendipias, deberías de pasarte por Galicia a hacernos una visita. Esto está muy bien. Te iba a gustar.

    Joder, lo de Herzog con esa obra maestra de Ferrara no tiene nombre, y yo también odio el Rock In Río. Aunque entre Frusciante y Navarro no sabría cuál elegir. Son tan distintos…

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