Rock & roll bullshit



La cabeza me truena himnos bastardos, aunque yo ya no soy rock and roll. Es cuestión de edad, ya no queda ningún mito viviente colgando sobre mi pared. Dylan susurra “I´m not there” por los altavoces. Algunos vivimos sólo para lamentarnos, rock and roll bullshit…Me escapo. Imito su graznido burlonamente, su voz seca, y las cotorras argentinas me saludan al pasar, no se apartan cuando me ven aparecer como un extraño extraterrestre sobre dos ruedas, me miran, me lanzan su estridente gruñido y siguen repiqueteando las bellotas de encina que descansan desprendidas sobre el suelo en la zona del Puente de la Culebra, donde el río cruza bajo una veleidad de Sabatini. Él era un hombre muy retorcido, construía puentes, arcos y chozas muy a imagen y semejanza de su vida. Recorrió un zigzagueante camino desde su Palermo natal hasta que sus huesos descansaron en Madrid. Vio estos cielos que yo veo ahora, plomizos en invierno y azules eléctricos en verano, y escuchó junto al arroyo Meaques el mismo cloqueo de las cigüeñas que regresan a sus nidos despues hurgar las basuras de los vertederos para alimentar a sus proles, un ruido que ahora se confunde con el traqueteo de las vías del tren y las autopistas que retumban próximas. Tengo que volver a correr, no hay forma mejor de saborear el viento, nada. Atravesar el desierto no te hace más duro, eso son frases hechas, ilusiones efímeras en tu cabeza, superstición Spinoziana. Formo parte de todo lo árido que brota de esta ciudad, soy para siempre uno más en su paisaje, lo siento dentro como a mi mismo, soy  el propio desierto. Unamuno fue desterrado a Fuerteventura. Llegó en un barco destartalado y se perdió por aquellos bosques de nada, ¿existe mejor compañía que la roca volcánica desnuda?

“La vida es un arco iris con el color negro incluido”; un tipo resuelve esta frase en un panel del que se van descubriendo poco a poco las letras. Mi madre es forofa de “La ruleta de la fortuna”, puede que sea por el presentador, que es un chico simpático del norte que de joven estudió para profesor de gimnasia. El programa es una perfecta metáfora vital, un tablero circular trufado de casillas que rezan “pierde turno” o “bancarrota”, todas ellas intercaladas con pequeños premios pasajeros que no sacan de pobre. Los concursantes parecen lobotomizados y el público canturrea en los graderíos tonadas absurdas animados por un bufón subcontratado para la cadena por cualquier ETT. El domingo pasado fui al fútbol, acudí al templo madridista después de largo tiempo. Por el fondo Sur del Bernabéu campaban a sus anchas las mismas almas de hace años. Muchos, como casi siempre, gritando al borde del infarto o el aneurisma cerebral. Allí se respira alta tensión arterial aunque ya no vendan copas de coñac rancios camareros ambulantes ataviados con mandiles blancos, aunque ahora todo es mucho más de diseño, limpio, aséptico y predecible. Es curioso sentirse cómodo, en familia, en medio de estas fieras enfebrecidas. Son los míos, me criaron entre sus bramidos, estando con ellos estoy en casa, seguro y caliente aunque el termómetro marque temperaturas bajo cero. Soy como Travis Bickle, pero sin taxi, aunque no me cortaré el pelo a lo mohicano ni trataré de salvar a ninguna niña rubia prostituta de las garras de Sport. Hace tiempo que, gracias al Dios que habita en los cielos grises, dejaron de gustarme las niñas de tez blanca y virginal, que no eran más que espejismos, ilusiones, ahora sólo me atraen las más guarras y las dependientas de los bazares o de los restaurantes chinos. Los cara de limón están comprando todos los viejos bares y abriendo por todas partes sus garitos  que huelen a seco, a empanadillas con aspecto de canica y a fideos finos que llaman vermicelli. Canturreo hacia mis adentros: “Billy, you´re so far away from home”

Está volviendo la moda retro de los músicos en los vagones de metro. Hace más de dos décadas me gustaba escuchar ensimismado al tipo que tocaba el “Knocking on heavens door” en la linea 1 del metro. Los trenes circulaban de Plaza Castilla a Portazgo, ahora llegan, al menos en teoría, mucho más lejos. Siempre me flipó la película de Peckimpah y las melodías tan simplemente geniales compuestas por Zimmerman para la ocasión. Billy “el niño” les decía: “no quiero matarte, no me obligues disparar”, pero nadie le escuchaba. Descubrí que aquellas áridas canciones sólo estaban compuestas mediante tres acordes facilísimos de tocar; sin embargo crearlas, parirlas de ese modo, era más complicado en realidad que escalar el Everest.  Ahora he llegado a la cuarentena. Mis bienes materiales a estas alturas se reducen a dos guitarras de baja calidad, un coche viejo y una bicicleta. Nunca he comprado un ordenador, un automóvil o un móvil, he vivido siempre de las donaciones de objetos, de la basura de otros. ¿Me convertiré en una sombra más de las que habitan este barrio? En mi barrio había más veinte bares. En la cima de la colina La Pampa; más abajo, en la acera de enfrente el Ondiñas. Bajando por la ladera El Cubano y el Viña Lidia, frente por frente. Luego venían Hergueta, el Alquife, Garrido, La Taurina, La Pampina, Los Hermanos, El Luis y otros tantos sin nombre concreto. “Salamanca” jugaba todos los días su partida en el bar Garrido. Él era, y es, el mejor solador del barrio; colocaba los baldosines, los azulejos o la plaqueta como nadie, rectos y regulares, simétricos y relucientes. Durante una de aquellas manos de cartas alguien le faltó al respeto. Se levantó sin mediar palabra de su silla, seco como buen castellano ofendido, abrió la puerta y se marchó raudo, mirando hipnotizado hacia el infinito, camino de su casa. La acción siguió transcurriendo sobre el tapete, sin estridencias, entre humo de Ducados y copas de coñac, hasta que Salamanca, de repente, volvió a aparecer con un cuchillo en la mano y se lo clavó hasta la empuñadura a su contrincante. Luego besó la medalla de la virgen que llevaba sobre el cuello y se sentó pacientemente en su silla a esperar que se lo llevase la policía. La superstición no es ni una imposición voluntaria, ni un engaño deliberado, ni algo de lo que quepa la ilusoria esperanza de ser liberados, no es más que otro lugar común inamovible imprescindible para existir. Vivo encerrado en esta isla de cuatro manzanas, aquí no hay héroes ni villanos, sólo hay calles, edificios y color gris hacia los cuatro puntos cardinales hasta donde se pierde de vista. Yo soy gris por fuera y por dentro.

La televisión me mece todas las noches, me acuna como si fuese la chimenea y la ladro como un lobo a la luna buscando compañía. Veo cómo Al Pacino excusa su deplorable comportamiento ante Ellen Barkin en “Melodía de seducción” balbuceando: “la ciudad nos vuelve salvajes. Las calles sacan la escoria que todos guardamos dentro”. Mañana caminaré protegido por mi paraguas. Si hay algo te enseñan los ríos humanos es que el que primero golpea golpea dos veces.  Poli Díaz se defendió aquella noche de las hostias de Pernell Whitaker con una sonrisa burlona en la cara, como si la que le estuviese zurrando la badana fuese Cindy Blackman atizando candela a su batería. A Cindy no se le mueve ni un cabello cuando mueve las baquetas, mantiene ese pelo estilo micrófono que tanto me pone bamboleándose impertérrito durante sus exhibiciones de fuego afro salvaje. El dolor abrasa. Hay muy pocas personas dentro tu vida cuyo sufrimiento, aunque ajeno, supone más que el tuyo propio. La proyección imaginaria es hacia ellas tan poderosa por tan presentes que se encuentran en el interior de tu cotidianeidad, que pensar que algunas de ellas padezcan o puedan padecer te convierte en un preso encarcelado por los barrotes del apego terrenal. De eso hablaba la genial película “Azul” del fallecido Kiezslowski. Duele, duele, duele. Meditad sobre ello esta noche en vuestra cochiquera si os llega la corriente eléctrica del intelecto a la sesera. Tenéis suerte, cuando os levantéis por la mañana no recordaréis nada de todo lo leído. Uno, dos, tres, estás dormido. Despierta ahora, ya es de día, un día más. El sol está saliendo detrás de la persiana, pero lleva meses cayendo lluvia dura y sobre la tierra ha descendido un frío siberiano apocalíptico; este invierno en Madrid no apetece demasiado salir al asfalto. Rigurosos mortales, abridme las puertas de lo agradable, no os resistáis a través de vuestro ego. La vida es una jungla, los edificios son los árboles, no hay lianas para Tarzán en esta ciudad. Tú eres la mona Chita, deberíamos llamar a los elefantes y que entrasen destrozando a todos nuestros enemigos, pero luego mataríamos a todos los paquidermos salvadores y recogeríamos su preciado marfil. Hay polvo sucio por todas partes mezclado con agua en la carretera, y sal para que no se forme hielo en las madrugadas. Se larga el general febrero, otro febrero, para dar rienda suelta a la tormenta perfecta de marzo, otro marzo, en el que nos encontraremos por sorpresa, o tal vez no, al recorrer los caminos polvorientos, con rumbo o sin él. Retumba en mi cabeza todo el día el rock and roll bullshit, una y otra vez rock and roll bullshit, rock and roll bullshit, no se calla ni a hostias. El sueño de volar produce monstruos.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en marzo 5, 2010.

7 comentarios to “Rock & roll bullshit”

  1. Me encanta esa cancioncilla de la peli, pero no sé como se llama.
    Mucho tiempo sin escribir….

  2. un poco sangriento Peckimpah, un poco bestia. Kirs Kristoferson afeitadico esta irreconocible.
    cierto, mcucho sin escribir, pense que se habia cancelado la suscripcion je.

  3. Me decepcionaron los Ultra Sur cuando fuí por primera,y última vez, al Bernabéu hace un par de años. Un partido de Champions contra la Lacio. Siempre pensé que eran una panda de malotes. Bueno, probáblemente lo sean. Pero desde la lontananza (yo estaba en una esquina del fondo norte) me parecieron una banda de borregos descerebrados que se limitaban a canturrear las consignas que les marcaba el jefe.

    Follow the leader, leader. leader. Follow de leader, leader, leader…

  4. ¿He puesto “borregos”? Quería dejarlo en “descerebrados” sólo y se me ha olvidado quitarlo… mierda.

    Bueno. Pero si en el fondo seguro que son muy majos todos.

  5. Curiosa la historia del Salamanca… Me has dejado de piedra, por que yo le conocia. Un buen solador… no lo sé, un mal bicho seguro. Un poco desvirtuada.la historia, seguramente por el mismo. No se fue a su casa a por un cuchillo y volvio. Saco una navaja y apuñaló a Uco. Un buen tipo, que lo unico que hizo fue hacer un comentario sobre la jugada y recibio un insulto de este. A Uco le conocia mejor que al Salamanca y era un tipo serio pero fuerte y con dos cojones. Con una sola mano le abarco la cara y le izo casi en vilo. Luego la puñalada… Perdona la brasa, pero esto me ha traido recuerdos.

    • A mí me deja de piedra tu intervención, para nada molestas, creo que eres el primer habitante del barrio que se pasa por aquí, encantado de tu visita.
      Naturalmente yo no ví la escena, conocía al Salamanca pero, al menos de nombre, no a Uco. La historia que cuento es la que circuló en aquel momento por los mentideros del barrio, recuerdo que mi madre me la relató al día siguiente, lo de que fue a su casa a por un cuchillo y volvió es exactamente como lo contaban, aunque ya sabes que las cosas de boca en boca tienden a la exageración. En Garrido ha habido algunas escenas legendarias más.

      Un saludo, seguro que nos vemos por eas calles. Y gracias por intervenir.

  6. Hace mas de 20 años que me case y me fui del barrio, pero casi todas las navidades vuelvo a tomar unas cañas. Ayer mismo estuve en el Tranvia, comentando este episodio con la gente de entonces. Si despues de estos dias mato los demonios del pasado, te mandare algun suceso del garrido, de la gente dura de verdad del barrio. Del Borrego, del salchi y de como entraba la secreta vestida de albañiles, con unos monos de trabajo impecables y limpios y ellos mismos daban el “agua”.

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