Frazier

FRAZIER DUI

Cuando estaba escayolado echaba de menos mojarme con la lluvia. Me encanta salir a caminar sin paraguas bajo las tormentas y oler el ozono que arrastra el agua hasta caer sobre la superficie de la negra tierra. Mi escayola no debía empaparse, me habían dicho que si me descuidaba se reblandecería y tendría que ir a urgencias a cambiármela. Dios mío, aléjame de nuevo unos años de los hospitales y te prometo recuperar la fe. No vale la pena pasarse horas en urgencias más que si te estás muriendo, aunque si verdaderamente vas a palmar creo que lo mejor es no dilatar la espera demasiado. Los box de urgencias son callejones sin salida, cuando te encuentras preso en sus fauces es mejor tener tu ropa a mano por si te apetece escapar corriendo. Joe Frazier se rompió un brazo siendo un chaval, no se lo curó bien y le quedó torcido como una guadaña. Gracias a ello desarrolló un amorfo gancho de izquierdas demoledor. Mohamed Alí le venció en Manila en el 75, pero Joe, a pesar de la derrota, le molió a palos ardiendo de odio porque el deslenguado Casius le había  llamado “Tío Tom”. Tom decía en la novela de la Stowe antes de recibir el estacazo final de su amo: “le pido perdón señor Legree, pero yo sólo me arrodillo ante Dios”. El servilismo mueve el mundo. A mi tío le hicieron pedazos la mandíbula en una pelea callejera, al más puro estilo Chet Baker, y ahora no puede abrir la boca todo lo que quisiera para gritar. Le tiene un tremendo miedo a la muerte. Durante una temporada convivió con una prostituta en un burdel. Ahora habita en un piso cerrado a cal y canto para evitar las alergias, al más puro estilo Howard Hughes.

ManilaTú me enseñaste la combinación perfecta de golpes aquel día en la calle. Tres ganchos rápidos de izquierda y luego un directo certero con la derecha a la nariz. Sigues siendo uno de mis héroes, aunque ya no me hables cuando nos cruzamos por al rúe a causa de algunas rencillas de barrio. Te rompí el labio sin querer al hacer la primera práctica con tus guantes de boxeo, pero no me mataste porque no quisiste ante aquella afrenta. No olvido aquellos días en que no podías frenar tu hiperactividad y yo te daba clases de matemáticas. Era una batalla perdida, debí darme cuenta de que era imposible que aprendieras a dividir por tres cifras de cabeza. Nos llevábamos apenas quince días, nacimos aquel verano en que el hombre se lanzó como una bala sobre la luna, pero uno de tus brazos tenía el diámetro de los dos míos, te salieron pelos en las piernas muy pronto y follaste mucho años antes que yo. Nos fuimos aquella primavera al monte a emborracharnos y tú nos contabas que querías trabajar conduciendo un trailer a toda hostia por la autopista e ir parando en todos los puticlubs que encontraras a tu paso. Nadie podía frenarte. Te envidiaba, yo no tenía la más puta idea de a qué quería dedicarme, lo mismo que ahora casi un cuarto de siglo después.

vagonmetro_pordentroMe introduzco en las tripas grises del metro por la boca de la estación de Gran Vía. La luz de los fluorescentes deslumbra a la hora nocturna del penúltimo tren. Huele a humedad, aunque este verano no haya llovido nada, el campo está más seco que la pata de Perico, diría un castizo. En la pared cuelga un cartel en que el careto de un tipo repeinado aconseja: “Tú puedes ser donante de semen”. Siempre me siento en la última fila de asientos de cualquier estación de la línea 1,  para que cuando se abran las puertas del vagón mi túnel de salida se encuentre cerca. Al fondo del andén un panchito descansa sobre una de esas sillas de falsa madera con la cabeza entre las manos y aspecto de desmayarse. Me siento a su lado en gesto de solidaridad etílica y una chica indecisa recuesta sus posaderas junto a mí buscando la protección de mi aspecto de viejo adolescente. El túnel se extiende en penumbra hacia ninguna parte, oscuro. El punk sombrío se murió el día en que los músicos se lanzaban sobre el público desde el escenario y éste, masa infecta, los recogía sin dejarlos caer y romperse la crisma. Y los estúpidos teenagers acuden en masa al palacio de los deportes a escuchar la basura de Green Day. Las hijas de Zapatero se visten de gotico Emo para ir a echarse unas risas con su papi y con Obama. Las gentes de bien se escandalizan ante su aspecto desaliñado. Berlusconi se descojona y exclama “oh, mamma” cuando observa el escote palabra de honor de la primera dama negrona estadounidense. Le sujeto la puerta al tipo que detrás de mí sale de la estación. Me da las gracias. El cristal de la entrada al subterráneo está rajado, y al cajero automático que hay fuera algún karateka de ciudad le ha partido la pantalla de un certero golpe. La trama corrupta Gürtel se deja ver en los periódicos de los kioscos cerrados. Quiero leer “Manhattan Transfer”, Dos Passos se me resistió hace muchos años porque mi hermana se casó, cambió de casa y se llevó el libro cuando yo iba por la mitad. Ahora casi no recuerdo ni el argumento, como tantos otros, aunque lucho todos los días porque la compañera memoria no me abandone como el desodorante.

chetbakerEl ruido de mis cojos pasos me acompaña fiel por esta calle que trota descendiendo en una ligera pendiente. Desde sus alturas, en los días que el viento sopla fuerte limpiando la sucia atmósfera, se divisan las crestas nevadas de la sierra. En verano la boina de contaminación que flota sobre Madrid provoca colores rojos eléctricos durante las puestas de sol que se divisan sobre el Cerro de Los Locos, que era también el Cerro de las Balas, en aquellos días de frío y de hierro de mitad del siglo pasado. Me aburrí el domingo por la tarde en el cine viendo los descomunales surcos de la cara del trompetista yonqui Baker; “Let´s get lost” me  provocó bostezos, lo mismo que los bastardos de Tarantino o las tragicómicas lágrimas de cocodrilo de Ricardo Darín en el nuevo serial de Campanella. Últimamente todo me aburre, pero sueño que conduzco a toda velocidad junto a Melissa Leo sobre su “Frozen river”. Sobre el rostro de ella sí me ponen las arrugas y la fría temperatura, su desolación, aunque sólo me gusta el invierno, como decía Benedetti, cuando hace calor. Me apetece caminar sobre el río helado y no importa ya el miedo a que se resquebraje, tengo ganas de reptar a través del barro. Cada vez vivo con más altibajos la eterna jubilación anticipada. Ya no me importa quien me hable o quien deje de hablarme. Me escondo en lo más profundo del bosque los días que beso la lona y muerdo la tierra. Me voy a dormir, saludos mister Baker, saludos mister Frazier. Déjenme por un ratito su trompeta y su gancho, como si fueran un arma. Infalible el pensar deprisa para caer en el sueño. Me duermo, me duermo. Me duermo. Gracias por poder dormir.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en octubre 1, 2009.

3 comentarios to “Frazier”

  1. Me ha gustado mucho, me gusta lo que haces. In Manila with the gorilla…….

  2. solo meterte con los punks en todos los post, es k no se ntinde mcho, si tanto te prqpan pasa de ellos y ya sta, deja en paz al punk

  3. bonita paja mental. antes de dormir lo mejor una pajilla sin mariconadas, mejor que escuchar musiquita o que cualquir otra cosa, Joputa, palabra

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