Pandereta

francia1

Cuando los ruidos que habitan dentro de mi cabeza se hacen insoportables y el viento deja de soplar entre mis sesos, entonces no tengo más remedio que atravesar la frontera norte y perderme por la tierra de los locos galos. Todos los años he de reprimir esos instintos homicidas que siento hacia los humanos que viven a mi alrededor al sur de los Pirineos, ante los que experimento profundas nauseas y al mismo tiempo un extraño apego. Sueño con reunirlos a todos en un recinto herméticamente cerrado en el que se ofrezca un concierto de “El canto del loco” más “Pereza” ambos taloneando a la insufrible Madonna (ofrecido por el módico precio de 200 euros) y, cuando todos estén disfrutando, enchufar a saco por el techo mangueras de gas Zyklon B. Si Adolf Eichman levantara la cabeza sobre su tumba haríamos seguramente buenas migas. Al regreso de esas incursiones por tierras extrañas pero nada inhóspitas, las ganas de asesinar al personal suelen desaparecer debido a la inexplicable añoranza que siento hacia la infecta cloaca madrileña, un lugar donde mis profundas raíces se van pudriendo, inexorablemente, con el paso del tiempo. Mi espacio tiempo se curva para empujarme siempre hacia el fondo de este país de pandereta. Esta temporada, sin embargo, mi mente no echaba de menos Madrid, no tenía ni puta gana de retornar a sus rutinas. Pero ya soy un viejo leño, me he dado cuenta de que mis piernas no pueden huir ni muy lejos ni lo suficientemente rápido, ya no puedo saltar como cuando era un joven cabrón, ni marcharme lejos de mi cueva indefinidamente. Todas las mañanas, por obra y gracia de mi tendón de Aquiles ya para siempre inflamado, sufro los rigores del reuma, lo que me hace parecer al caminar el pato Donald persiguiendo a sus tres sobrinetes por el prado.

vienneLa crisis, la puta crisis. Yo pretendía que, imitando a Zhukov y Konev, traspasásemos las líneas defensivas  del Oder y el Spree en sentido inverso, mas nuestras carencias monetarias nos obligaron sólo aproximarnos tangencial y cobardemente a los dominios del imperio Merkel-teutón. Me imaginaba a mí mismo como a Varo, suicidándome en mitad de un bosque incógnito a merced de las hordas Queruscas a las orillas del Elba. No me extraña que el noble Sexto Quintilio se aplicase su particular hara-kiri tras conocer a tan germánicas y cuadriculadas tribus. Los alemanes tienen por costumbre levantarse a las seis de la mañana entonando palabras indescifrables a voz en grito. Luego se retiran a sus moradas, como las ánimas del purgatorio, a las nueve de la noche, exigiendo al resto de los mortales que guarden el cumplido respeto a su descanso. Además, parecen no haber conocido el noble arte de manejar la escobilla del water. Yo en esa cuestión soy una mezcla entre D´Artagnan y Saint Fris; agito ese palo maloliente de pelos rugosos con la hábil saña con la que el Cid blandía la Colada. Las heces huyen la verme, atemorizadas ante mi diestra mano y mi amenazador paquete de toallitas perfumadas para culo de bebé. Ese sí que es un invento, y no la bombilla del plagiador  Edison. Los germanos, a diferencia de los galos, no dan nunca los buenos días, tienen en común con los españoles el parecer estúpidos congénitos cuando acaban de levantarse de la cama.

lehman2Saint Fris, sobrino putativo de Charles Martel, murió a las afueras de Bassoues defendiendo a los suyos de los moros, que huían a la carrera de la ira que había desatado el tío de éste en Poitiers. Cuán nobles dinastías Carolingias, Merovingias, Francas o como coño quisieran llamarse. Más tarde llegaron allí los Borbones, y plantaron kilómetros de plátanos de sombra junto a los caminos y a la entrada de sus palacios. Estos árboles aún crecen enormes por allí. Aquí los cortaron por seguridad vial, para evitar que los jóvenes ebrios que acudían a las fiestas de los pueblos perdieran sus sucias vidas en sus coches al chocar con ellos. Aquí el Borbón cada día se parece más a Hiro Hito, posando junto a Zapatero como si este fuera el general Tojo. El emperador sociata reina, pero no gobierna, y todos sus correligionarios le dirían que viste maravillosamente aunque anduviera desnudo por la Gran Vía rumbo al templo esnob Cándido a comerse unos huevos fritos ultracaros. El país está en pelotas, pero Zapatero tiene a su Yamashita particular, Leire Pajín, la tigresa de Malasia-Benidorm, que entona loas fantásticas a su jefe sin pudor. Pero no insultemos con comparaciones a Yamashita, el héroe de Singapur; él lucía una amenazadora cara de limón, no la faz con similitudes porcinas de la Pajín, esa protagonista de la canción del verano 2009, que reza en su estribillo lo siguiente: “¿quién detiene en Benidorm palomas al vuelo, volando a ras de suelo, Pajín contra Pajín?”.

Un ecuatoriano golpea ligeramente la cicatriz de mi talón con su cesta del supermercado en la cola de pagar del DIA (ahorro y calidad). Tengo que ir recuperando la mirada del “si me tocas te mato”, hay que seguir luchando en el fango. Una pareja yonquis supervivientes pagan a la cajera un litro de leche y uno de cerveza con monedas de cinco y diez céntimos mientras discuten en un extraño dialecto callejero del castellano. Cuando me toca a mí soltar la pasta la anciana que va delante trata de hurtarme, con sibilino y voluntario despiste, la bolsa de plástico de pago. “Uy hijo, no me daba cuenta de que era tuya”. En el túnel M-30, un ALSA rumbo a quién sabe dónde me adelanta por la derecha a noventa por hora. Cuando le doy caza no tengo más remedio que putearle obligándole a circular a sesenta hasta que me desvío. Freno cuando se pega a mi culo,  acelero cuando se queda casi parado detrás, la gasolina sigue pudiendo al diesel en el sprint corto, como Usain Bolt con Tyson Gay. Me despido del noble conductor de autobuses sacando la mano por la ventanilla para agitarla diciéndole adiós. Esto es vida, qué maravilla, welcome to the jungle. Afortunadamente nos quedan los negratas cubanos exiliados que afilan sus trompetas y pianos en los bares. Gracias Román Feliu, gracias hermanos Vistel, gracias al Negrón, gracias Manuel Machado, gracias Moisés Porro, gracias Ivan Lewis, gracias Yelsy Heredia, gracias…

lehmanLa gente ha sacado del armario tupidos jerséis y chaquetas de invierno cuando esta mañana un ligero aire fresco otoñal ha invadido las calles del foro haciendo descender la temperatura desde los treinta y cinco grados hasta veinticinco. ¿Por qué no siento nunca frío? ¿Fecundó a mi madre un extraterrestre de Urano a modo de espíritu santo? Por las noches sueño que conduzco después del ocaso por la orilla del lago Lehman, con la mano izquierda fuera de la ventanilla, palpando el aire fresco. La fase REM me transporta  bajo el arquete de entrada a Lugrin, oníricamente me meto a dormir en mi catre de campaña y un erizo me despierta al hurgar en mi bolsa de basura. Apestoso despertar a la realidad rutinaria. Me refugio en Beevor, pero “Berlín” y “Stalingrado” no saben igual cuando no estoy de viaje. En la biblioteca sólo quedan libres los libros de Houellebecq. Cómo te echo de menos, sweet Jane…

Anuncios

~ por Joputa en septiembre 15, 2009.

3 comentarios to “Pandereta”

  1. Eres tu el del tocadiscos del video?

  2. esa foto parece un cagadero antiguo, corrígeme si me equivoco. Estas muy escatológico deberías hablar de las heces de Leire Pajín, que veo que te gusta moito.

  3. Menudo viajito te has pegao

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s