Historias casi verdaderas (1): Sexo (inseguro)

condon

Doce y media de la noche, y sereno. Sanchinarro city, ciudad fantasma. Ya ha comenzado a caminar el 16 de noviembre del año de Dios de 2008. En la calle hace fresquete, pero dentro del piso hace calor, el ambiente está cargado en la habitación. M “el flaco” suda como un gorrino. T, la oncóloga, descansa a su lado tumbada boca abajo tras el acto sexual. M se levanta de un salto del catre, coge el móvil que descansa sobre la mesilla y encamina sus pasos hacia el retrete para evacuar la meada post eyaculación. Mingita con alivio y después cierra la tapa del inodoro, se sienta sobre él y escribe, con una sonrisa de puerco cínico en la cara, un sms: “Acabo de pegarle un lechazo a T en la espalda. Por cierto, feliz cumpleaños”. J “el gay”, el cumpleañero en cuestión, no recibió nunca tan tempranero mensaje de felicitación. Al pulsar el botón para enviar de repente sonó un pitido en el dormitorio contiguo. Era el móvil de T avisando que una misiva electrónica acababa de llegar. T dejó plantado a M al cabo de unos días. T le contó a sus compañeras de trabajo que M era un cerdo, un gilipollas y un hijo de puta, que le iba a tomar el pelo con sus gracietas a su puta madre, y que además era un simple. M estuvo mintiéndome durante meses al contarme que había superado sus problemas para colocarse el condón sobre su miembro viril, al decirme que ya no se le bajaba al notar la fina capa de látex extendida sobre su piel. Aseguraba que con T había conseguido tomar las medidas profilácticas que con ninguna otra hembra (también sostiene que no ha conocido sexualmente varón) en sus treinta y tantos años de promiscua existencia había logrado. Finalmente, tras reconocer su mentira ante mí, para justificarse M argumentó que, por ser investigadora en el campo de la oncología, a T la realizaban pruebas cada poco tiempo en lo concerniente a enfermedades de todo tipo, incluidas las de transmisión sexual. M aseguraba que con ella no había nada que temer, que estaba bien limpia y pulcra, y que la marcha atrás era un noble arte que siempre, contra viento y marea, a él le había funcionado. Además, también había que considerar el sexo oral como una placentera alternativa. T y M son ambos murcianos, residentes en Madrid, y han dejado de ser novios, amantes o como coño quiera llamarse.

Una tarde de la fría primavera de 2009 M fornicó alegremente y sin protección alguna con una albaceteña que conocía de sus pretéritos tiempos en la universidad de Murcia. A sus espermatozoides, tantos años vagos de siete suelas, aquella velada les dio por trabajar de forma estajanovista y acertaron en el blanco, dieron en el centro de la diana de un óvulo no se sabe si manchego o murciano, porque hace unas pocas décadas Albacete no formaba parte de Castilla la Mancha sino de la región del pimentón. M se lo contó casi inmediatamente a J ahorrándose en este caso los detalles morbosos, y éste le reprendió con inquina reprochándole  su constante afición de jugar a la ruleta rusa con el destino. Tras unos minutos fingiéndose enfadado, J le dio un abrazo insincero a M y le espetó las cuatro frases manidas al uso para la ocasión, las que nadie en el fondo entiende: que enhorabuena, que al fin y al cabo esta vida estaba para vivirla, que esta puta existencia son cuatro días y que ambos tenían ya una edad como para repoblar el planeta sin remordimientos ni reproches absurdos. La parienta de J llevaba también embarazada unos meses, ¿quién sabe si en un futuro no muy lejano los vástagos de ambos no podrían sentirse atraídos sexualmente, emparejarse y reproducirse, perpetuando así los amistosos vínculos de ambos? Tampoco rechazarían que si sus hijos fueran del mismo sexo surgiese entre ellos una atracción sexual  que les llevase  a convivir emparejados en Chueca y a adoptar un niño enano vietnamita, no en vano a J no le producen rechazo visual las películas X en las que no aparecen mujeres durante los coitos.

M se marchará unos días a la playa con su chica en compañía de sus suegros, luego volverán a Albacete para hacerle la ecografía de rigor. J se largará con la suya a Maspalomas, paraíso swinger. Sus respectivos bombos irán creciendo a medida que el año transcurra. J dice que el parto igual le jode el fin de año. M pagará la mitad de la hipoteca de su señora, mientras que J no deja que su pareja apoquine ni un céntimo de la suya, sólo comparten gastos de agua, luz y electricidad, ya que el piso es suyo con unas condiciones hipotecarias muy ventajosas y,  si en un futuro (Dios no lo quiera) se divorciasen, él piensa que a ella se le debería caer la cara de vergüenza si reclamase esa ajena propiedad. M siempre ha sido más confiado y menos cabrón que J. En una ocasión ambos compartieron a la misma chica en el plazo de veinticuatro horas, aunque sólo J la pudo penetrar, pues ella era partidaria de practicar el sexo con protección y a M tanta seguridad le lleva indefectiblemente al gatillazo. Pero M tuvo su felación de rigor en la ducha. Horas más tarde, J tuvo relaciones sexuales completas con ella después de que M le dijera: “fóllatela si te sale de los huevos”. M lleva un tatuaje en el brazo izquierdo con el símbolo de Depeche Mode. J se compró una Fender Stratocaster cara, muy cara, pero hace tiempo que no la toca. J suele cansarse de casi cualquier cosa que hace, pierde el interés por todo lo divino y lo humano con extrema facilidad. J es un tipo muy muy muy nervioso, tanto como M, pero a este último la procesión le corre por dentro sin dejarse ver en exceso.

<<inverno inverno
el inverno me gusta
si hace calor>>


gachas@excite.com

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~ por Joputa en julio 14, 2009.

Una respuesta to “Historias casi verdaderas (1): Sexo (inseguro)”

  1. esto suena a vidas cruzadas. continuará la serie????

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