Empuja, estira, relaja…

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“Estira, relaja, estira, relaja”. La fisioterapeuta, con su trajecito azul marino. Pone mi pié sobre su cadera, lo empuja hacia atrás. “Estira, relaja”. Me relajo. “¿Sientes tirantez?”. Puede que un poco, en la entrepierna. Hace días que no veo las estrellas sobre la camilla. Resulta mucho más productivo para la lívido pagar por escuchar su voz con leve acento gallego incitándote a potenciar la elasticidad que visitar cualquier güisquería de lujo de Capitán Haya. “Ahora… empuja…. y… relaja, empuja y… .relaja”. Mientras recibo mi dosis de magnetoterapia observo como ella hace que un chico negro tumbado sobre la camilla de enfrente flexione sus piernas en posición fetal hasta convertirse en un siete humano; más tarde hace descansar todo su poco peso sobre él hasta hacerle emitir un sonido epiglótico de queja. Luego lo pone mirando para Burgos y aprieta la parte alta de sus nalgas hasta que el maromo suda por todos los poros. Finalmente le estira de la goma del gayumbo para subírselo y la deja caer sobre la piel provocando un ruido parecido al de la fusta del amo sobre la piel del tío Tom. No me cabe duda de que ella ha pensado en más de una ocasión en el tamaño del miembro viril de su paciente. Erotismo puro y duro.

Carlos_Herrero_Feria_Libro_MadridCarlos Herrero, “Prosperidad”. Irónico título, agradable barrio. Leo. A mí también me cambió un poco la vida cuando leí “La senda del perdedor” en aquella cripta gótica en la que echaba la siesta como un vampiro sin ataúd después de trabajar aquel verano del 96. Hay días en los que el viento sur te quema los pulmones y cuesta respirar, tomar aliento. En Madrid no sopla nunca nada parecido al mistral del Mont Ventoux, pero la escasez de ozono o el egocentrismo de sus habitantes provocan en muchos momentos un ambiente irrespirable. Las articulaciones de Carlos sufrieron en exceso por la gimnasia, un día se rompieron. Todas esas circunstancias le hicieron ver el poco sentido de las cosas, su ida y venida sin rumbo, sin orden ni concierto. Rico o pobre, héroe o villano, llega el día en el que te toca la china del sufrimiento y ya no hay quien pare la cuesta abajo de tu dolor y tu decadencia, un barranco hacia la nada que nos arrastra. Da igual que veas la tele o que leas un libro, que ojees en el W.C El País o El Mundo, que comas hamburguesas o frutos biológicos de la huerta, que seas esnob o que eructes y te huelan las axilas (sobacos para los amigos). Da igual. Te vas a ir cagando leches hacia el hoyo, quieras o no quieras. ¿Por qué te ríes de la infecta piel artificialmente blanca de Michael Jackson cuando tu parienta lleva plástico dentro de sus tetas? Amigo mío, para bajarte del guindo he de decirte una cosa: que te vas a morir, tarde o temprano, y que vas a cascarla, como todo hijo de vecino, con dolor. Carlos Herrero, “Cuentos rotos”. En verano suelen entrar ganas de leer. De vez en cuando, muy de vez en cuando, te encuentras con otro individuo que crees de tu misma raza a través de los libros, o al menos eso te hace imaginar. Otro que se ha perdido y a quien los mapas no le sirven. Me niego a llevar GPS, la puta vida se basa en la absurda creencia, yo creo en el formato de papel, quiero que talen todos los bosques del orbe, que desaparezca la capa de ozono y nos vayamos todos juntos a la mierda. Cuando tengo que apretar el culo para no desesperarme, cuando necesito engañarme para pensar que el tiempo no pasa y que nunca perderé la memoria, sigo recurriendo a mi viejo atlas, compruebo que aun me sé todas las capitales del mundo, como cuando era un niño extraterrestre, y entonces duermo, puedo descansar tranquilo.

LuccabrassiUn nutrido grupo de partidarios del presidente hondureño prochavista Zelaya espera ruidoso al avión privado que se dispone a aterrizar en el aeropuerto de Tegucigalpa. Siempre me gustó el nombre de esa capital. El aeroplano bolivariano lleva en su interior a ese mesías centroamericano expulsado del poder por una de tantas oligarquías planetarias. Se escuchan disparos y un pobre desarrapado cae al suelo. Sus compañeros de manifestación le cogen en volandas mientras chorrean los sesos sobre su cráneo. Maravilloso espectáculo de telerrealidad gore. Este chico ha perdido la vida defendiendo a su líder, un maravilloso cacique cuyos ideales se encaminan de forma cristalina, sin ambages, hacia tres palabras: poder, poder y poder. El jet pega un giro acrobático digno de la escuadrilla La Fayette y retorna, tras el paripé aéreo, hacia su punto de partida en un país vecino. Vecino en cuanto a situación geográfica; vecino también en cuanto a inmundicia humana de todos los colores e ideologías poblando sus tierras. No andan lejos de semejante esperpento seres humanos infectos como el monta burras Daniel Ortega, el simpático telepredicador Hugo Chávez o el hermanísimo vestido de verde Raul Castro. Lucca Brassi debería pedirles a todos ellos un favor personal, todos ellos merecen que la justicia del azar les regale una enfermedad dolorosa e incurable.

quahmireUna chica entra renqueante en la sala de rehabilitación del hospital. Tiene el cuerpo quemado por completo, apenas puede moverse, le quedan retazos de un pasado pelo ensortijado y de una cara bonita, pero el fuego ha marcado la piel de su faz para siempre. Se sienta en un banco y comienza a hacer estiramientos lentamente. Mientras tanto, yo subo y bajo escaleras y rampas simuladas, ejecuto ejercicios inverosímiles inventados para no hacer gasto al erario público. Otra hembra, ataviada con velo islámico, se cruza conmigo sobre la falsa escalinata sin mirarme a la cara. No sé por qué tarareo en mis adentros el “wish you were here”, como mantra protector dentro de esa parada de los monstruos en la que en ese momento habito. Tu historieta, mi historieta vital, descansan sobre un castillo de naipes, juegan al Poker Texas Hold´em, ese juego en el que puede ganar incluso Poli Rincón; depende sólo de que te toquen buenas cartas y de que el viento del caos sople a favor. La voz de la existencia te ordena con meliflua voz: “empuja, relaja, empuja, relaja, empuja, relaja…”. Pero llega un momento en el que o no puedes empujar ni relajar o no te sale de los cojones hacerlo. Y dejas un cartel escrito con letras mayúsculas sobre tu mesa que dice: “he salido por la ventana”. Te admiro, Glenn Quagmire. “Empuja, estira, relaja….empuja, estira, relaja…” .

gachas@excite.com

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~ por Joputa en julio 8, 2009.

2 comentarios to “Empuja, estira, relaja…”

  1. ayer día 8 de julio andaba arrastrándome por la playa que exorciza mis demonios en Ciudad del Cabo y mi corrosiva mente pensó en ti, una vez más puse en marcha el disparador de mi cámara para grabar unos cuantos segundos de ese horizonte que tantas veces me susurra tu nombre, wish you were here. Debe ser eso pura coincidencia, pura vida

  2. pues si tu ídolo es Quahmire… madre del amor hermoso. un hombre cuya única frase es toma toma toma… ya me dirás jeje

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