Última estación, Teherán

presidente_Ahmadineyad_OK_6

Me sonaba su cara. Él estaba entrando una moto en el taller de motos. Recuerdo cuando le di una paliza. Éramos sucios adolescentes. Le golpeé en la cabeza, le pateé el cuerpo, con la mano abierta y con el puño cerrado. Pedrito. Su padre me dijo que me iba a matar. Su padre parecía un poco retrasado. Pedrito. Sólo por llamarme hijo de puta durante un partido. Pedrito. Éramos del mismo tamaño, talla mierda. Yo los recuerdo a todos, pero yo no ocupo lugar en ninguna de sus neuronas. Me gusta esta memoria que el buen Dios me ha dado, me permite acordarme de lo ratas infectas que somos los seres humanos; dentro de la manada homo sapiens no existe ni la excepción que confirme la regla, cuando a cada uno nos llega el momento oportuno sale el cerdo bastardo que llevamos dentro, por mucho que nuestros miles de millones de madres fueran unas santas antes de concebirnos. Ahmadineyad es un hombre santo, está contribuyendo a que en el planeta existan unas cuantas bocas menos que alimentar, sólo hay que apretar un poco el gatillo. Que no nos vendan la moto de que Rafsanyaní es un abuelete entrañable, ese ayatollah no es ni mucho menos un adorable anciano chapado a la antigua al estilo Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”. En esa obra maestra ese mago del cine patrio llegaba a la estación de Atocha con un retrato de su fallecida santa bajo el brazo derecho y una jaula con gallinas bajo el izquierdo, ligero equipaje para defender unos valores ancestrales verdaderos ante sus nietos, hijos y demás parentela. Lo dicho, un puto genio.

estacionlasmatasAhora han construído un caparazón en la estación de Sol para que salgan de las entrañas de la tierra las masas de inmundicia humana. El tren, el tren, siempre quise viajar en él, pero no me fue necesario, yo vivo en el interior de la bestia, soy un infecto hematíe más que corre por sus putrefactas venas, nunca he necesitado medios de transporte de larga distancia como sí que lo hacían mis compañeros que purgaban existencia en lugares de baja estofa como Getafe, ese pueblo donde todo el mundo va en chándal, Brónxtoles, patria chica de la empanadilla revenida o esa entrañable por pueblerina hasta el hartazgo villa de Valdemoro. Miento, sí que cogía el tren. Lo tomaba en Chamartín cualquiera de esas tardes del verano del 89 en las que las calles ardían al sol de poniente y había tribus ocultas cerca del río. Hacía un calor de cojones en esos andenes poblados por aquel entonces de agresivos yonquis pedigüeños. El expreso de Las Matas circunnavegaba pueblos residenciales de alta gama en la zona norte de la urbe hasta llegar al destino Los Peñascales Station, en el que tú y yo nos encontrábamos fugazmente para follar como conejos al borde de la piscina del chalet vacío de tu vecino. Su hijo nos prestaba amablemente las llaves y nos contaba que el Porsche Carrera blanco que su padre atesoraba en el garaje se lo regalarían el día que se sacara el carnet de conducir. Qué difícil debe ser fornicar en el asiento de atrás de un coche más bien biplaza. Nunca me ha gustado mancillar la parte trasera de mis autos, soy pobre pero sibarita para el fornicio. Me ponía tu amiga la que venía a buscarme en moto al apeadero. Las amigas de mis amigas, siempre flotando en el aire. Tú les gustabas a mis amigos, quizás porque eras alta y muchos siguen a rajatabla el refrán de “caballo grande, ande o no ande”, o quizás porque tenías los ojos de un raro color amarillento. Me mentiste en la edad, te pusiste un año, y eso que yo parecía un crío a tu lado. Sospecho que ahora te lo quitas negando la fecha que reza en tu carnet de identidad. Carnets, carnets y más carnets. Hacíamos trompos en un SEAT Panda por las polvorientas calles de tu urbanización. Tu hermano no se hablaba con tus padres desde que se había enrolado en el Opus. Tu brother se hubiese escandalizado al imaginar nuestros encuentros. Tus progenitores sospecho que tampoco se decantaban en exceso por el lado izquierdo de la ideología, a juzgar por vuestra choza. Dejamos de vernos después del verano, pero tú me invitaste a tu veinte cumpleaños. Prometí acudir. Creo que todavía me esperas. No he vuelto a coger el expreso de Las Matas. Me acordé de tí el día que cambié las ruedas de mi coche por unas de oferta de marca desconocida en el Aurgi de la estación de Chamartín. Ahora pululan más policías por sus andenes que yonquis. Incluso algún integrante de las fuerzas del orden me observaba receloso posiblemente a causa de mi aspecto sospechoso y mi incipiente cojera típica de cualquier ser callejero maltratado por la vida, quién sabe si provocada por el pico o el caballo. Cuentan que ahora los cunderos se han hecho fuertes en la glorieta de Embajadores. Un viaje a La Rosilla, ida y vuelta, en SEAT Ibiza robado por diez boniatos o dos papelinas. También dicen en los periódicos que la estética quinqui nunca fue copiada por el mundo de la moda, y cuentan esto como si hubieran descubierto la pólvora. El Jaro robó en la tienda de mi padre cuando era un mozalbete, mucho antes de que Sabina le compusiera el “Pacto entre caballeros”. Nos hurtó la recaudación de un 17 de julio, justo antes de la fiesta nacional. Mi madre lloraba de rabia en la puerta de mi casa bajo un sol de justicia de los de antes que se reflejaba en los calvos descampados. La banda del Jaro se paseaba a toda velocidad con sus “locas” 1430 robadas por nuestras calles  adoquinadas. Su lugarteniente era el hijo de la leyenda blanca Becerril, un jugador del Real Madrid mítico por su heroicidad durante el mítico enfrentamiento con el Partizán en Belgrado, que disputó con un tobillo fracturado a causa de un resbalón sobre el terreno completamente helado; aquello fue una encerrona en toda regla preparada por esos humanos sucedáneos de bolchevique que habitaban en la patria del emperador Tito.

amparoTe parecías a Amparo Llanos, pero no llevabas ningún tatuaje, no creo que tu familia te hubiese autorizado a dibujarte sobre el cuerpo ni con calcamonías (calcomanías para los cursis). Qué sucia y qué guarra eres Amparo Llanos, nunca te perdonaremos haberte pasado al tecno-pop, si al menos hubieses abrazado el Porno-pop. Nuestro programa en la radio pirata se llamaba así, “Porno-pop”. Nos invitaban a fiestas a cambio de insultar a su inteligencia a través de las ondas. Un día cualquiera del 94 me llamó por teléfono un compañero de falcultad, le temblaba la voz, estaba como asustado. “Se ha muerto Kurt Cobain”, me dijo. Me lo imaginé con lágrimas en los ojos. También recuerdo que yo tenía resaca aquella mañana, como muchas mañanas por aquel entonces. Colgué el teléfono y me tumbé boca abajo para intentar disipar el mareo, no era conveniente quedarse dormido boca arriba y despertar pareciendo un volcán stromboliano en erupción. Me pone Amparo Llanos. Qué traidora que eres, Amparo Llanos, y la gorda de tu hermana es mucho peor que tú. Hace un calor de cojones en esta ciudad, ufff.

gachas@excite.com

Anuncios

~ por Joputa en julio 1, 2009.

3 comentarios to “Última estación, Teherán”

  1. jamadinellad, jamadinellad, ay las pataticas qué ricas salaícas…

  2. Hay que denunciar la indecencia de las hermanas llanos con su grupete, es cierto señor Joputa, verlas moviendo el culo estilo discotequero en el escenario es uno de los actos más deningrantes que cualquier humano puede presenciar.

  3. pues si no te gusta que la musica vaya hacia la innovacion y los nuevos territorios debes tener unos gustos pesimos. no esta bien meterse con nadie por su aspecto fisico si la chica de Dover esta gorda tambien tiene derecho a bailar a hacer musica disco o al o que le venga en gana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s