Esperando nada

Antonio_Vega_

Se ha muerto. Es cómo el final de una época. Hacía muchos años que agonizaba. Me contaban que hace mucho tiempo él pillaba coca en una de las casas bajas en las que había bussiness en mi barrio. Lucía esa mítica cara de cadáver andante, de zombi, como ninguno. Siempre cantaba con la mirada perdida, hacia el suelo o hacia ninguna parte. Es difícil encontrar algo interesante a lo que mirar desde el color de tu cristal. Fueron míticas sus espantadas de los escenarios, sus estratosféricos retrasos en los bolos del Clamores o el Galileo, y los rumores sobre su siempre próxima muerte. Enterró a casi todos los yonquis de su generación con su malísima salud de hierro. En realidad nadie sabía casi nada de él. Su existencia era toda especulaciones. Es difícil ponerme a mí sentimental, al menos de cara al público, pero reconozco que en más de una ocasión solté la lagrimita escuchando su “Chica de ayer”, su “Lucha de gigantes” o su “Háblame a los ojos”, esas canciones que no dicen nada o que cuentan todo lo que cada uno quiere oír. Habitábamos y compartíamos en la distancia el sucio planeta de los hombres extraños. Sospecho que él caminaba muy sólo, que le aterraba verse transparente ante el espejo, que se evadía siempre que podía corriendo hacia ese cielo infernal de los lúcidos, esa esfera que mata y consume las existencias de los conscientes,  de los que pueden adivinar que no hay nada dentro de nuestra nada. No me creo que no le tuviese miedo al tiempo que se va, no. Todavía no me explico cómo soportaba, con esas espaldas de palo, el peso de la Lespaul. La ciencia debería estudiar su enjuto esqueleto. Su primo es un ser detestable, pero es su primo. No pudimos ir a verlos a los conciertos de despedida de Nacha Pop en la pija sala Jácara, no había entradas, las habían comprado todas los niñitos del barrio de Salamanca. Pero él venía a ponerse ciego a nuestras calles. Podría haber pasado inadvertido sentado en cualquier banco junto a los típicos cadáveres andantes de los cuarenta añeros supervivientes de la guerra de la jeringuilla, conflicto que asoló nuestras aceras durante los años ochenta. Antoñito no podrá nunca descansar en paz, porque no se descansa cuando visitas el crematorio del cementerio de La Almudena, allí se acude a penar por nuestros últimos pecados. Nunca sabremos de qué trataban sus canciones. Muchos las cantaban a voz en grito en sus conciertos, como si fuesen himnos, pero pienso que ese era el último de sus destinos, no se encaminaban hacia la opereta grupal, no había sido creada su fina lija para la meliflua boca de los fanáticos teenagers.. Sólo puedo decir que, por alguna razón que se me escapa, se sentían. Y el que no las sintiera peor para él, o quizás mejor, nadie lo sabe. Hay muchos senderos que llevan a sentir las cosas, pero es difícil, quizás un don enviado desde otra dimensión desconocida, hacer algo en tu vida desde el fondo de tus tripas. Por mucho que corras, por mucho que lo intentes, que lo persigas, que no cejes antoniovegaen el intento, si no puedes hacerlo es que no puedes y no hay más vuelta de hoja. Los intestinos son así, son movidos por el azar, por la necesidad, llámalo x si quieres, hacen brotar de tus infectos adentros algo que no se puede explicar, esa voz interior que te acompaña, que te hace feliz o te transporta hacia una fosa abisal, que te dice, igual que al paranoico, cómo debes matar o que te maten. Las manos, lo dice Silvio, son las mismas para dar y para asesinar, a tus amigos o a tus enemigos, es difícil de controlar la corriente del supuesto instinto, aunque el humano haga mucho que abandonó la animalidad; pero en el fondo, ¿qué importa?, si todo son palabras inventadas para poner riendas al camino. En la lucha eterna e interna de los gigantes que habitan nuestros abismos siempre me imaginé cómo se vería a sí mismo al golpeárse sin querer contra una pared que le rompía los huesos. En la patria de los héroes no tenía cabida, porque allí no hay más que hazañas inventadas para estómagos complacientes, mentiras piadosas para no herir. Desconfía del vampiro, nena, decía, lárgate lejos antes de que vuelva para consumirte, márchate antes de que muera el sol, no te dejes llevar por mí porque vas a hacia ninguna parte, hacia ese lugar que, si te fijas bien, es siempre el final de todo. Es fácil revelar que la historia es a veces mentira y las otras, el resto, no es verdad. Y no había en él más que cantos de sirena, y luces que decían que todo se largaba para no volver, que no habría marcha atrás cada día que volviéramos a casa cuando cerraran los bares; que, a cada paso, las alas que nunca nos habían servido para levantar el vuelo se derretirían y se volverían pesados fardos de lastre. Entonces arrastraríamos nuestras taras hasta la cima de la montaña para que volviesen a caer al otro lado, cuesta abajo, por el afilado precipicio, cuando ya no nos quedaran fuerzas ni para descender a rescatarlas. Y mi cabeza sigue y sigue dando vueltas, persiguiéndote.

<<Abre mi puerta, quiero entrar y salir, y refrescarme antes de repetir>>

gachas@excite.com

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~ por Joputa en mayo 12, 2009.

Una respuesta to “Esperando nada”

  1. RIP. Este chico ha descansado en paz, estaba muy hecho polvo hace demasiado tiempo.

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