Tánatos y civilización

pakis

No, no soy la alegría de la huerta. Puede parecer lo contrario, pero no lo soy. Dicen que soy bastante oscuro por dentro si miras detrás de esta careta. A mí no me cabe duda de que eso es cierto. He entrenado mucho para lograr disimular el mayor de los desprecios con la mayor de las sonrisas Licor del Polo en la boca. Y no, definitivamente no, no soy nada optimista. Ayer me tumbé debajo de un plátano de sombra después de arrastrar mi yeso durante un interminable kilómetro, uno de esos kilómetros de cuestas arriba y cuestas abajo que contiene esta infecta ciudad de subes y bajas. Allí, aplastado, me puse a pensar en lo maravillosa que sería para mí esta urbe si cayese desde ese cielo azul con boina grisácea una bomba de neutrones y yo fuese el único superviviente, al estilo de la repugnante película setentera “The Omega man” protagonizada por mr. Heston. A lo lejos veía que, sobre la ventana de un ático construido sobre un caro solar del Paseo de la Dirección, colgaba un cartel de se vende. Otro de tantos. Las vistas desde semejante piso deben ser increíbles, con la sierra aun nevada en mayo al fondo; pero los ruidos del túnel de Marques de Viana y de las bachatas a todo trapo de los ecuatorianos, que pueblan el parque Rodríguez Sahagún los domingos por la tarde con iguales modales que los gaboni los aledaños del monte Mutia, es muy posible que hagan poco habitable semejante paraíso de ladrillo terrenal. Las gentesomegaman1 que pueblan esta ciudad son como esa canción de la Velvet que me encanta y me enerva a partes iguales, “Sugar Ray”, sucia y gris, sentida y machacona, ronca acompañante para noches tristes, pero que escuchada largo rato, al estilo mantra tibetano, provoca el odio más nauseabundo hacia el género humano así como la más profunda de las depresiones. Las canciones de esa época compuestas por los ínclitos Reed y Cale son retazos podridos de animal de ciudad, son tripas a merced de los carroñeros. Los anfibios de urbe corren de un lado a otro boqueando, retorciendo sus branquias atrofiadas y comiéndose crudos los unos a los otros. Viajan desde sus casas a otras casas, desde esas porquerizas por inercia a otros lugares, en un movimiento caótico, absurdo e infinito, que dura años, hasta que en última instancia se arrastran hasta los tanatorios, que son como El Corte Inglés pero con ataúdes, con mucha gente, unos de cuerpo presente y otros menguante, unos guardando silencio y los otros hablando de fútbol u otras lindezas, unos haciendo que ríen, otros haciendo que lloran y los más sin saber qué carajo es lo que están haciendo allí. Sí, soy bastante oscuro, por dentro, y por fuera suelo llevar camisetas negras. Sí, engaño mucho a simple vista. Es cierto, la mayoría de vosotros no me gustáis un pelo. Cuestión de gustos, sobre ese cantar no hay nada escrito, en realidad no hay nada escrito sobre nada.

dejame-entrar-02Hoy me he vuelto a tumbar bajo el mismo árbol. Algunas palomas torcaces han amenazado con cagarse encima de mí, y sus guanos son de un tamaño tal que podrían ahogar a cualquiera. Mi cuerpo y mis manos están doloridos a causa del noble arte de desgastar aceras con muletas. Si hay una cosa de la que te hace darte cuenta el no poder caminar es de lo sólo que en realidad estás en este planeta. Vienes del vacío sólo, caminas sólo, palmas sólo; es irremediable, ineludible, incuestionable. Existen multitud de momentos en esta asquerosa existencia en los que sólo te quedan tus huevos y tu tele. Durante esos interminables instantes hay que apretar los glúteos y tumbarse en posición fetal a admirar lo más absurdo dentro del absurdo. La vida pierde la poca credibilidad que parece poseer cuando te paras a mirarla a cámara lenta. Me ha gustado mucho cómo la niña vampiro Elli destripa a sus alimenticias víctimas en la genial, gélida e innegablemente sueca película “Déjame entrar”. Días después de haberla visionado van y me dicen que en el libro en el que se basa el film la adorable cría, a la que invoco cada noche para que venga a rescatarme, no es más que un niño capado hace doscientos años. Deberían haberse ahorrado esa trama gayer dentro de la fantástica historia, he sufrido una gran y heterosexual desilusión por su causa. Hablando del tema gaylor, he de añadir que la ballena Almodóvar ha perpetrado otro de los zurullos a los que nos tiene acostumbrados en los últimos dos lustros. Hay que ser muy ruin para ensuciar la carrera de Lluis Homar obligándolo a participar en semejante mamotreto, “Los abrazos rotos”.  Si cualquier otro director de eso llamado cine incluyera una enseñada de tetas gratuíta, cómo lo hace en este caso Pedrito con la insufrible Kira Miró, los críticos se le echarían al cuello de forma automática. Con este personaje pasado de rosca se defiende ya lo indefendible. En cuanto a infamia ronda ya el nivel de Teddy Bautista, pero su caso es mucho más grave, ya que hubo una época en la que Almodóvar atesoraba un enorme talento. El presidente de la SGAE siempre moldeó mierda. No haré demagogia sobre la asociación de chorizos que financia, en teoría, al gremio de creadores y autores. Lo que sí es cierto es que hay que ser muy hijo de puta para cobrar royalties en conciertos benéficos, pero hijo de puta con todas las letras; con perdón incluido, eso sí, para las putas, y un saludo a las de la Casa de Campo, que hace ya casi dos meses que no las veo.

teddyLa SGAE se labra a pulso el perfil de ser el demonio personificado, la bicha, el trono de Belcebú. Estoy seguro de que si en las Españas hubiese un levantamiento popular al estilo argentino, o de que si los talibanes consiguiesen sitiar y tomar el país, a quien primero se capturaría y colgaría cabeza abajo de alguna farola sería a Ramoncín. Los partisanos defensores del Emule lo agarrarían de las pelotas y lo conducirían a cualquier paredón al uso. Pronto prohibirán las descargas gratuítas los autores talibanes. Sus primos, los barbudos mulahs afganos, pronto conquistarán el caótico Pakistán, y poco más tarde se extenderán por el mundo. Nostradamus describía al Papa negro campando a sus anchas durante el Apocalipsis, y todo ello no es más que una metáfora de Obama con báculo corriendo por el patio de The white house con su nuevo perrito de aguas portugués. Hay que joderse, el perrito es acuático, pero dicen que no sabe nadar. Decía la canción de Lichis, creo que dedicada al planeta tierra:

<<Mi paisaje interior, contaminado
mi cabeza llena de pájaros enjaulados
las paredes de mi chabola aún guardan el recuerdo
de aquellas noches de invierno
follando como perros.
Por si te acuerdas de mí te he apuntado
en una barra de hielo
mi dirección y mis mejores deseos:
“¡Que te follen!”>>

Lo siento, no veo la salida de ninguno de los túneles. El fin del mundo nos da igual, caray, mujer. Mejor me follas como prefieras, al estilo Krahe o cómo te salga de ahí.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en mayo 7, 2009.

3 comentarios to “Tánatos y civilización”

  1. Quiero hacerme talibán, donde me puedo apuntar. Genial esa canciíon de Javier Krahe, en que disco sale?

  2. Al salir de la sala de “Déjame entrar” este fin de semana mi cabeza caprichosa volteó a mi acompañante nocturno y dibujando el tieso palo yesero de supersucker susurró al aire ¿puedo entrar?

  3. Que crack Krahe. Yo también he visto este fin de semana la peliculita de vampiros y la verdad es que no le encuentro el gusto, creo que lo que pasa es que sois muy pervertidos con esa niña, como el viejo con el que vivía jeeje.

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