Guaycismo

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Aristóteles era un “guay”. Escuchaba a “The cabriolets” y le ponía muchísimo Bimba Bosé. Qué puto asco dan los guays. Son una nueva tribu, más detestable si cabe que lo fueron en su día Mods y Rockers. Si Phil Daniels se tiró por el acantilado en Quadrophenia, ¿por qué no reunir a todos los guays en un macroconcierto de Marlango, cerrar el recinto herméticamente y conectar los tubos de escape de todos los autobuses de la EMT a los respiraderos? Dos de mis adláteres se encontraron la semana pasada en el registro civil con Leonor “guay” Watling y Jorge “gafapasta” Drexler, que estaban inscribiendo a su nuevo infecto retoño en la lista de neonatos humanos. Me da dentera pensar en esta chica pariendo, es posible que rompiera aguas tirándose un pedo de monja en fa menor; aunque mucho peor es imaginar a Lucía Echevarría excretando a su bebé por la vagina; la estampa por sí sola da escalofríos, es como un proyecto de la bruja de Blair en versión de parto literario porno.

madridargumosaDentro de la insufrible raza de los guays se encuentran situadas las subespecies de los “gafapasta” y los “intensos”. Estos últimos son algo así como los más abertzales de los guays, son los guays más extremistas, el brazo armado del guaycismo; si por ellos fuese sería obligatorio hablar en verso, el pedo y el eructo estarían prohibidos, los que boicoteamos el reciclaje de basuras seríamos castrados y sería obligatorio ver el programa “Sé lo que hicisteis” todos los mediodías, riéndoles todas esas gracias que dan grima. Los “intensos” no descienden del Homo Antecessor, sino que brotaron por generación espontánea de una amapola un 14 de febrero. Gustan de ir de vacaciones a los Caños de Meca y beben los chiringuitos de dicha playa cañas de cerveza a diez euros mientras escuchan a Chambao en la disquera (la cantante de este grupo les encanta porque ha padecido un cáncer, pero, ¿quién atacó a quién, él a ella o ella a él?). Sin lugar a dudas Martin Heidegger era un “intenso” recalcitrante. Descartes, sin embargo, pasó durante su vida de ser un tipo normal a ser un apestoso “gafapasta”.

Los guays deben su tremendismo a que nacieron privados por completo de segregar oxitocina. Son incapaces de ver más allá de su nariz y siguen a pies juntillas las ideas guays del rebaño para, impulsados por su enorme ego, creerse personas independientes, únicas e hipersensibles; piensan que son los elegidos para salvar al planeta. Los guays dicen que aborrecen el sistema, pero llenan su morral día a día trabajando en constructoras, bancos o aseguradoras; son incansables a la hora de ayudar al tercer mundo, pero si a sus cercanos les ocurre alguna desgracia y su Pisuerga guay no pasa por Valladolid en ese momento, miran indefectiblemente para otro lado; pero, eso sí, los guays son amantes de ir a cagar a casa de otra gente, como dice la canción, para no ensuciar. Los guays son especialistas en buscarse coartadas para verse siempre a sí mismos como representantes de lo maravillosos que son la vida y el ser humano. Los guays ven constantemente, como si de un aparición mariana se tratase, al niño que todos llevamos dentro, pero se niegan a reconocer que ese crío tiene un gran porcentaje de hijo de puta habitando sus entrañas.

la-latinaLos guays aman a Tarkowsky, a Bergman y a solchenitzin (los guays desearían vivir en un GULAG una temporadita para perder peso), y besan hasta el suelo que pisan Almodóvar y Amenábar. Los guays abrazan la homeopatía cuando dejan de creer en Dios, aborrecen ver la televisión para en su lugar contemplar atónitos deuvedés blue-ray, y juegan a la Wii hasta el paroxismo cerebral para fortalecer sus abdominales. Los guays pasean en bicicleta por las aceras, van a restaurantes donde sirven comida “deliciosa” en mínimas cantidades a precios exorbitantes, y los domingos por la mañana toman cañas a tres euros en los bares de La Latina o Argumosa, mientras se sienten los elegidos para la gloria universal de ser guays.

Los guays se realizan, finalmente, con la procreación. Es algo, sobretodo para ellas, imprescindible en el camino del sentido de su ser pra conseguir la perfecta conjunción con el universo. Les encanta decir que la mujer embarazada está muy bella (qué cínicos son), y paren hijos a los que obligan a poner siempre buena cara, a los que enseñan a dar besos a todo el mundo mientras esconden la faka en el refajo del subconsciente, para luego  martirizarlos hasta la saciedad mediante el visionado de películas de Walt Disney de más que dudoso buenrrollismo subliminal. Cuando los niños  salen finalmente de sus úteros y crecen, los guays caen en un estado de desconcierto. Lo que creían un instinto se convierte en un objeto adquirido, en muchas ocasiones a golpe de talonario pecuniario o procedente de alguna terrible carencia o tara emocional. Y cuando el objeto se hace carne consciente hay que sustituirlo por otro a toda costa, o se les bloquea el sistema operativo guay; entonces compran un perro, pero descubren de sopetón que éste también caga y mea, pero con menor control de sus esfínteres del que pensaban; a pesar de todas las evidencias los guays se negarán en redondo a aceptar que ni siquiera a largo plazo ese handicap de la vacuidad existencial tendrá solución. Y si alguien deja por un solo segundo de calificar a los hijos como el bien supremo y como la experiencia más maravillosa de la vida es inmediatamente mirado con mala cara y crucificado en cualquier Gólgota por los guays. Y es que los guays dicen que son ateos o agnósticos (una cosa u otra según su grado de guaycismo), pero en realidad son los más católicos apostólicos y romanos del orbe; son más papistas, aunque no lo quieran, que el propio Ratzinger.

pennMientras pienso en toda esta blasfemia antiguay, unos guays se sientan a mi lado a ver la película “Yo soy Harvey Milk”. Llevan un enorme cubo de palomitas de seis euros entre las zarpas (de olor apestoso) que degluten con ansia casi animal. En los instantes previos a la proyección hablan de la crisis y de la nevada que ha caído sobre Madrid, de que nunca habían visto una semejante. Los guays son así, carecen de memoria casi por completo. Mañana aprovecharán para subir en un peregrinatorio atasco a Navacerrada para practicar el snow-guay-board, pero, si sintiesen un excesivo frío rondar sobre sus depiladas pieles, sustituirían tan guay excursión por la de ir a tirar unas preciosas fotos de postal con paisaje nevado en el Retiro (en Los Jerónimos también vale); “qué precioso está Madrid”, proclamarán a volumen suficiente como para que les escuchen los transeúntes que reptan resbalando a su lado. Más tarde se marcharán todos juntos al Favorit a contemplar en sus Notebooks las maravillosas instantáneas invernales que han capturado mientras toman chocolate caliente a cinco euros, y por un ratito se creerán artistas plásticos (si es que no hay alguno catalogado como tal entre ellos) observando los paisajes construidos mediante millones de pixels en sus mínimalistas pantallas. Yo pienso que Sean Penn es ya casi, por desgracia, un guay, lo mismo que Gus Van Sant. Quizás no deberíamos hablar de “guays”, “gafapastas” o “intensos”, sino de grados de guaycismo, porque: ¿quién no lleva aunque sea un trocito de guay en el fondo de su corazón? ¿Quién no utiliza champú con acondicionador aunque afirme que se lava la cabellera con jabón Lagarto? ¿Quién no va de vez en cuando a un herbolario a buscar remedios “naturales” para sus males incurables? ¿Y quién no cree al menos un poquitín que el yoga puede hacer sentir paz espiritual? Sólo puedo afirmar como respuesta, redundante, que i wanna be sedated. Quereis ser  guays y no llegais ni a chachi.

Dedicado a Juan Summers, la persona con menor grado de guaycismo de toda la Vía Lactea.



gachas@excite.com

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~ por Joputa en enero 10, 2009.

3 comentarios to “Guaycismo”

  1. Puagggg, la Bimba Bosé es cierto que da ganas de potar, y su tito es para echarle de comer aparte, que asco, quita esa foto por dios.

  2. Yo tampoco volveré a visitar este blog hasta que no quiten esa foto de Bimba Bosé. Es una visión demasiado hepatante y desagradable para volver a hacerlo.

  3. ¿No es super guay ser el ojo de elefante catalogador?. Uso perfume italiano, me ducho todos los días, me gustan los hombres que huelen a rosas, me pone Zuma y la verborrea de supersucker, y no participo en la orgía de Obama, .. así que ando en las profundidades de la gruta de los guays,… pero espero que me quieras a pesar de ello..

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