Fallo en el sistema operativo

“¿Cuál es la diferencia entre morir en tus brazos o morir en tus manos?”, dice Albert Plá en su dolorosa canción. Realmente, como reitero una y otra vez en esta internética publicación, la respuesta se me antoja prácticamente imposible. Ha venido de visita el maldito frío, que marca inexorablemente el paso incontenible del tiempo relativo de la tierra. El muy mamón me dice que hemos dado otra vuelta más alrededor del sol, que hay que tachar otro verano de la limitada lista, que inevitablemente cada vez van a quedar menos circunnavegaciones. Es mejor no pensarlo y dedicarnos a ver los domingos por la noche a Iker Jiménez, siempre nos quedará Iker Jiménez.

El lunes pasado, mientras escuchaba las diatribas conspiranoicas de Javier Bustamante y su alumnado, aparentemente obsesionados todos por la paja mental en el ojo ajeno, me preguntaba (sin recurrir a los estupefacientes, lo juro) cual sería el horizonte común hacia el que podría caminar la humanidad después de la caída de los dioses y los mitos. Ante la ausencia de un camino que diese plenitud a nuestras asquerosas vidas se me ocurría pensar en la necesidad a medio plazo de avanzar en la técnica para la construcción de una nave espacial que pudiese llevar a la ruin especie lejos del sistema solar cuando el astro rey creciese achicharrando a sus adláteres. Habría que plantearse muy seriamente esto, sobretodo después de que el insufrible Martin Heidegger afirmase que la definición lingüística no es más que una verdad derivada. La limpieza de lo superfluo en el pensamiento es harto difícil, pero también hay que decir que la cabeza humana se rige por un mecanismo parecido al de la bicicleta: si no se mueve hacia delante, aunque sea sin rumbo, el conductor pierde el equilibrio y se pega una hostia de campeonato. Existen muy pocos privilegiados que pueden aguantar el equilibrio en parado sobre dos ruedas, y los hábiles capacitados para tal gesta no pueden permanecer mucho rato en semejante posición.

En cuanto a las teorías de la conspiración, hay algunas en las cuales cada día estoy empezando a creer más. La semana pasada los esbirros de Bill Gates me jugaron una mala pasada. Su estúpido sistema Windows comenzó a fallarme hasta sabotear por completo el comportamiento racional de mi ordenador. Sí, ya sé, utilizo el sistema operativo ideado por Belcebú en persona para controlar el planeta, pero aun mi mente no ha conseguido acceder a los secretos del señor Linux. Además, Gates ha conseguido provocar en mí un sentimiento que aúna la repulsión y la fascinación. Lo imagino como un Stewie Griffin de turno descansando en su cuarto sobre un colchón forrado de billetes (no de biscolástica) mientras maquina en su mente como controlar del mundo. Es posible que, al igual que Stewie, él también sueñe con matar a su madre.

Mi ordenador personal se desgobernó justo cuando cumplía el plazo de su garantía. Esta máquina no es un clónico al uso, sino un electrodoméstico de una conocida marca que por sus iniciales me recuerda a mi insulto favorito, lo cual me confirma que estas grandes corporaciones de pacotilla han sido creadas en este planeta para jodernos la existencia. Ahora estoy seguro, gracias a mi mente que roza el trastorno borderline, de que diseñan los aparatitos para que duren lo que a ellos les sale del pijo. Por mi parte, les deseo todo el mal, quisiera que sufriesen como yo sufro, incluso, como dice mi héroe Albert Plá en su canción, aprenderé a rezar para lograrlo.

Pero no detesto toda la técnica, como buen egoísta. Tengo que dar las gracias, una vez más, a Emule, a sus creadores, que son como los dioses del olimpo. Me rindo a sus pies. Practicaré el sexo con ellos si es menester para agradecerles todo lo que me hacen disfrutar. Ayer me bajé su último disco y de regalo el maravilloso directo que grabó en 2006 “Vida y milagros”. Hace algunos años tuve el placer de descubrir a Albert Plá, como el que descubre un vaso de agua en medio del océano de asfalto. Lo vi por primera vez cuando representaba su disco “Veintegenarios en Alburquerque”. Salía él sólo al escenario con una guitarra y un casette. Luego lo he seguido en sus apariciones por los madriles con diferentes maravillas, como “Canciones de amor y de droga”. Gracias a él he conocido a personajes habitantes de la cueva como Fonollosa o Pepe Sales. Son mis compañeros de cárcel. Ellos y algunos otros.

Se me hace difícil identificar la tecnología con lo cuantitativo, la opulencia con la democracia. Os animo a que continuéis basando vuestras vidas en las puras relaciones de clientelaje. Al menos tenéis un faro que os guía a través de la niebla. Aunque, con todo lo que llueve, deberíais daros cuenta de que puede que no sea más que un espejismo, y que atravesáis un desierto en vez de un mar de agua dulce. Toda está tecné convertida en politiqué mediante burdas manos de pintura gotelé no os hace caeros de vuestros burros. Pobres mortales, rindiendo a la usura vasallaje. Por mi parte: ¿qué otra cosa podría hacer yo más que tomar el sol?


gachas@excite.com

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~ por Joputa en octubre 29, 2008.

3 comentarios to “Fallo en el sistema operativo”

  1. Caunta gilipollez hay ue leer hoy en día. de donde ha salido todo esto

  2. Cuando descubres a un tío con el que, sin saber por qué, conectas, y esa persona además hace música o literatura, el mundo se para de repente y eso te reafirma a tí mismo. A mí me pasó lo mismo con Calamaro. Tengo a Plá en la nevera para descubrirlo un día. Quién sabe.

    Ando por aquí de nuevo. Nos leemos.

    Un saludo.

  3. ando perdida en el desierto desconsolada porque mis espejismos me han abandonado, mi supino yo desesperadamente busca esos faros pero no voy a dejarlo volver allí… piensa en construir pronto la nave espacial ya que la existencia de la presente tiene los días contados en el dorado…

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