Penélope, vete a Alpedrete

El señor Fritzl podría haber tenido el detalle de secuestrar a unas cuantas mozas insoportables y no el de maltratar a su pobre hija criando con ella una piara de vástagos topo. El insigne austriaco puso en su día un anuncio en el periódico de Amstetten buscando actrices para una superproducción gore, pero ninguna hembra de postín acudió a tal casting. Ni Katie Holmes, a quién Tom Cruise prohibió su asistencia a tal evento (sin duda por miedo de que huyese de su encierro en la secta de la cienciología), ni siquiera Penélope Cruz. Qué putada, mi brigada.

Es una penica que la citada moza madrileña no interpretase un papel protagonista en la creación de Fritzl. Pé ha llegado muy lejos para . Partiendo de Alcobendas alcanzó en su meteórica ascensión la meta de Los Angeles, aunque por méritos no debería haber pasado de Alpedrete. Y eso que en éste último caso el sendero hubiese sido mucho más corto y menos pesado para nosotros. La chiquilla es un tostón, por mucho que enseñe pechuga a diestro y siniestro. Decía Bardem en “Jamón, Jamón” que sus pechos sabían a tortilla de patatas. Qué insulto a tan insigne manjar. Sus tetas no saben a nada, ni a agua pura del Lozoya. La chica lleva ya una retahíla de películas incoloras, inodoras e insípidas que no vale ni la pena relatar. Es casi tan inaguantable su gesto en escena como el de su exnovio, el chico de las alzas, el Cruise. En fín.

Decía Carlos Pumares que lo mejor que había filmado Isabel Coixet (ella le llama a él “ese señor bajito que habla de cine”) era el anuncio de las compresas Ausonia con alitas. En el pasado no estaba de acuerdo con semejante afirmación. “A los que aman” me pareció un buen ejercicio de estilo (qué se puede esperar de cualquier cosa en la que acto de presencia el genial Albert Plá); “Mi vida sin mí” me conmovió, y Sarah Poley estaba cojonuda en su papel; “La vida secreta de las palabras” olía un poco a cartón mojado en su trama central, pero se salvaba por su puesta en escena, por sus personajes secundarios y por el paisaje rústico agobiante de la plataforma petrolífera perdida en el Mar del Norte. Sin embargo, “Elegy” es un alegato a la pretenciosidad, a lo vacío de contenido y a la estética de anuncio de desodorante Fá. La búsqueda de la belleza por la belleza y del sentimiento por el sentimiento es lo que tiene, que acaba haciéndote que te la cojas con papel de fumar. Los wateres del sentimiento huelen a orín y a estiércol recién mingitados, no a colonia para niños. Philip Roth no aparece ni por el forro en la película. Dennis Hooper está, como casi siempre, pésimo, caricatura de sí mismo; por su parte, Penélope y Ghandi deberían ser fusilados. Todo ello es un monumento a las pasiones de corcho y poliexpán, caro y por encargo.

Estos días he pasado por algunas decepciones. Hasta hace poco idolatraba las obras de Denys Arcand “El declive del imperio americano” y “Las invasiones bárbaras”. Tengo el cartel tamaño gigante de esta última esperando para ser colgado en la pared del salón de mi casa. La ví por vez primera durante una época en la que pasé por diversas convulsiones vitales y esa película parecía puesta allí a propósito. Pues bien, no se puede negar que el director canadiense es un tipo con retranca y estómago, pero el excesivo histrionismo de Jean-Marc Leblanc y el retorcimiento de las imágenes surrealistas cagan y lastran “La edad de la ignorancia”. Una pena, pues el fondo de la historia no está nada mal y la acidez de su autor se ve incluso debajo de las más intrincadas capas de maquillaje. “La edad de la ignorancia” (joder, con qué titulo la han españolizado… el original es “L´Age des tenébres”) se queda en un mero intento, en el primer gatillazo perpetrado por un gran fornicador.

No hablamos de gatillazo, sino de pelotazo, cuando vemos a Zaplana encaminarse hacia el retiro de oro de telefónica, el lugar donde se le abonarán los servicios prestados al país del trinque y a sus capitanes trincones. A partir de ahora no podrá practicar su deporte favorito; ya no podrá lucir su cara bronceada por los rayos u.v.a en la tribuna del congreso, ni regalará a sus fieles las típicas dosis del más grueso surrealismo de las que iba plagado su discurso. El príncipe Eduardo I de Terra Mítica a buen seguro que añorará con el tiempo su pasado glorioso y dará rienda suelta en su imaginación a los deseos de venganza. Soñará con construirse un zulo bajo su palacete de Benidorm, encerrar en él a Soraya Saenz de Santamaría y cubrirla hasta la extenuación de sus gónadas mientras suenan los compases del “Let love rule”. Todo es posible en este mundo, sobretodo si tienes dinero en abundancia. Para el resto de los mortales la vida es sueño, y los sueños, sueños son, como dice la canción de Calderón. Yo fabulo con ser, en ese segundito suyo de oro, Paul Scholes.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en mayo 1, 2008.

Una respuesta to “Penélope, vete a Alpedrete”

  1. Yo tampoco trago a Pe, lo he intentado y le he querido dar una oportunidad. Elegy la empecé a ver y me pareció una parida sobremanera, he hecho lo peor que podía hacer parar la peli. Sí, porque ahora no puedo rajar a gusto. Si no la has visto entera no puedes despellejarla. Por cierto, siguiendo tu consejo he ido a ver la de Fatih Akin, muy buena. Y también vi The Descendt tiene más años que matusalén pero nunca es tarde y en una salita de cine independiente de Coruña tuve la oportunidad de verla en V.O.S.E, un canguelo increíble, pero mereció la pena. Eso sí… me costó dormir esa noche..jajaja
    Saludos!

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