Chiquilicuatres

Pasan los días y el sol vuelve a picar en los brazos. Mis manos, de un blanco cadavérico, siguen contrastando con los negruzcos brazos. Los sempiternos guantes de dedos cortados hacen que mis antebrazos parezcan de ecuatoriano y mis manos de islandés tísico. Está llegando el verano anticipado del cambio climático. Los súbditos de Ecuador ya ponen sus inaguantables musiquitas a todo trapo con las ventanas abiertas de par en par, y bailan el “Chiki Chiki” en las azoteas para azote de sus vecinos. Las indias de culo gordo ya lucen sus lorzas sin rubor por las calles y los machos sudamericanos se emborrachan hasta caer de bruces sobre el asfalto. Son el fruto de una bastarda mezcolanza de culturas, herederos de todo el ruido y la suciedad exportada por los conquistadores; son un híbrido de nosotros mismos que a ratos nos hacen añorar los métodos de exterminio del doctor Göebels, de Pizarro y sus sicarios secuaces, o del violador juez Holden.

Soraya Sáenz de Santamaría tiene hechuras de haber nacido en Guayaquil o en Quito. Menuda y con cara rechoncha, sólo la diferencia de las hembras andinas que no ha parido ya cuatro hijos al llegar a la treintena. Sus ojos de Minie Mouse no pueden ocultar que es empollona y que se pirra por los trajecitos de chaqueta con dibujo satinado de pata de gallo o a rallitas. La fachisoletana entró hace tiempo en el reino de la demagogia para quedarse. Siguió firmemente los pasos de algunas de sus predecesoras, adalides de la lucha de la mujer por entrar con paso firme en la república de la falacia, como las sociatodemagogas Leire Pajín y Trinidad Jiménez, obsesionadas por la idea de que el camino para afianzarse en la sociedad machista es alabar la sucia labor de sus jefes hasta producir grima y vergüenza ajena. Soraya ha tomado buena nota de estas grandes maestras de estas lides y está protagonizando una auténtica carrera del galgo que sólo podría ser truncada por la aparición en escena de la loba mayor del reino, la gran Espe de las bragas de oro.

La política se pudre a golpe del oxígeno diario que nos da la vida y nos la quema al mismo tiempo a cada segundo. El viento que sopla y el sol que abrasa nos desgastan sin remedio. El Dios Rá brilla ya fulminante camino del solsticio veraniego, pero la odiosa luz fluorescente, redundante, sigue torturando nuestros ojos en todas partes. ¿Por qué no prohibirán semejante invento? ¿Por qué no se impide que se enciendan los malditos tubos de nueve de la mañana a ocho de la tarde? Hoy iluminarán el velatorio de nuestro pistolero don Juan Charlton Heston, que se ha ido a criar malvas justo después de la enésima reposición de Ben-Hur. Dicen que en su lecho de muerte añoró su tórrida juventud al lado de Mesala, que pasaron, como dos chiquilicuatres, corriendo por Judea en túnica sin ropa interior debajo. La pena es que el señor Heston llevaba ya unos años con su brain afectado por el mal de las vacas locas, como pudo observarse cuando el gordaco subversivo Michael Moore le hizo la visita en su irritante para el sistema “Bowling for columbine”. Es posible que arrastrara esta enfermedad desde que rodó “El Cid”, pues en esa época le dio por cosas tan delirantes como sobar los pechitos a Carmen Sevilla entre toma y toma. Comerse un filete de choto en cualquier comedero de Castilla-León se está viendo que es más peligroso que atiborrarse de la carne mezclada con heces que sirven en los “restaurantes” Mcdonalds.

Ni las lluvias de abril pueden impedir que ya huela a estío. Juan Antonio Roca se asoma todas las mañanas al ventano enrejado de su celda (como apollado en el quicio de la mancebía) y divisa su libertad. El factotum marbellí sueña todos los días con levar anclas en su yate tamaño portaaviones y alejarse entre la bruma de las costas españolas. Piensa que no llegará la noche de San Juan sin que haya logrado reunir ese millón de euracos que le exige el juez como fianza para poder ausentarse del maco. Ya tiene ganas de volver a tomar el sol sobre la arena de playa, de lucir un moreno auténtico, no como el que porta ahora, que huele a trena que tira de espaldas. Roca ha encargado que le llenen una bañera con billetes de quinientos euros para sumergirse en ella nada más salir y quitarse así esa peste a preso que se le ha pegado hasta los huesos. Pero de momento los más ladrones entre los ladrones le niegan el pan, la sal y la pasta, un mísero aval de millón de euros. Entre pillos anda el juego. Aunque, ¿no es cierto que la más oscura cárcel está en nuestra propia mente obtusa? Roca lee, relee y requetelee “El vagabundo de las estrellas” de Jack London, cierra los ojos, pero no es capaz de soñar más que en billetes. Su compañero de celda tiene todo el día sonando en un destartalado radiocasete a Bob Dylan, y él no puede soportarlo más.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en abril 8, 2008.

6 comentarios to “Chiquilicuatres”

  1. Con Sori no te metas, mamonazo.

  2. Tienes razón, últimamente le doy al Albariño (con esto de que llueve tanto y no se puede salir, no queda otra opción). Actualizaré pero no sé cuándo. No sé todavía lo que haré hoy ni mañana. todo es un enigma. me ha gustado tu resumen semanal. Pobre Soraya está metida en un mundo en el que si tienes un apellido que resuene estás salvado a ella, por lo de ahora, le queda conformarse con ser… Soraya.

    Saludos my friend!

  3. Es cierto que algo huele a podrido en la política, pero yo soy uno de esos románticos que creen en la honradez de algunos políticos, porque “habelos hailos”, como dicen en mi tierra.

  4. Por cierto… acojonantes los Reyes del KO. No los conocía. Me han sorprendido gratamente.

  5. Realmente granda la niña Wendy, sí señor…

  6. No te des al Franciskaner y actualiza!!

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