Dios sabe que no eres bueno

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Ian Curtis se levantó aquella mañana con ganas de hacer algo nuevo y motivante. Después de comer cogió una soga y se colgó de la lámpara de su comedor. La Joy Division fue una sección del ejército nazi destinada a los servicios sexuales de sus oficiales. Ya lo afirmaban los “Siniestro total”, todos los ahorcados mueren empalmados. Trataré de no hablar mucho de héroes, últimamente me estoy repitiendo demasiado. Sí, ya lo sé, poseo un excesivo amor por los chistes de Arévalo, los reitero hasta al saciedad. Crecí marcado por la cinta de casette de los “Chistes del golpe”, en la que el maestro escupía maravillas como la que siempre cuento del miope comiéndose la moqueta en vez del clítoris, o la del tipo invadido por el síndrome de Estocolmo tras ser sodomizado por un hotentote durante un safari. No, no, por favor, dejemos a los héroes, dejemos de comer cebolla. Caigo en la tentación. Lo siento, pero no tengo más remedio que repetirme también en lo que dije hace dos semanas, que me pone Amy Winehouse, que esta noche, aunque no acostumbro a ver conciertos por la tele, he puesto el maldito Canal Plus y.. bingo, allí estaba esa especie de pantera negra de piel blanca yonqui y anoréxica regurgitando bilis y canciones con sabor a chocolate. No sé si durará mucho, si algún maldito psiquiatra o algún centro de desintoxicación la curarán pronto la genialidad. Mientras tanto hay que aprovechar lo que a esta enana gigante le sale de las tripas. Ella pasea sus cicatrices sin miedo al ridículo por las calles del diseño y las modas pasajeras, cómo en otro tiempo ya lo hicieron otros mortales sin rendir a la usura vasallaje.

Dinero, sucio dinero, sucia moda. La semana pasada comentaba con el ínclito productor y antiguamente promiscuo Hugo Serra nuestro desconocimiento del porqué, de por qué se da dinero en el cine español a cosas inexplicables ignorando, por el contrario, a todo bicho viviente que no puede confesarse por no tener padrino. Ser un niño de papi y poderte pagar el curso en la escuela de cine da derecho de pernada sobre las subvenciones. Todo ello me llevó a pensar en como habrían obtenido dinero para rodar “Lo mejor de mí”, una obra cuyo guión podrían haber escrito tanto cualquier adolescente púber en pleno éxtasis de hormonas como Susana Tamaro. Su final, aparentemente abierto, más que imaginación me da la impresión que esconde estupidez. Su protagonista no aparenta la sensibilidad que pretende, y me hizo reír recordando el capítulo de “Los Simpson” en el que Hommer escapa por la ventana del hospital con el culo al aire para evitar hacerle una donación de órganos a su padre.

rayonvert.jpgAlgunos pierden su tiempo y el dinero de otros filmando vacías óperas primas mientras otros, ya octogenarios, se resisten a rendirse. Alain Resnais es un personaje de otra época transplantado al principio del podrido siglo XXI. En “Asuntos privados en lugares públicos” (no sé quién coño pone estos títulos, ya que en realidad se titula “Coeurs”), una curiosa narración de desamores a destiempo, el de Vannes se reinventa a sí mismopor enésima vez al más puro estilo Rohmer, si bien faltándole algo del ritmo existencial de su contemporaneo y en otros tiempos genial compatriota. Otro día intentaré hablar de Rohmer, ese tipo al que no puedo abandonar desde que ví hace muchos años en “la 2” un ciclo sobre las películas de sus años dorados. Mis retinas no pueden evitar, cada vez que voy por la costa atlántica gabacha, buscar al atardecer ese rayo verde que ansiaba la tontuela Marie Riviere. También intentaré lo del mísero recuerdo con Ken Loach, a quién ahora, después de tantos años tratando los mismos temas, le han salido, como granos en el culo, críticos acérrimos donde antes tenía hooligans seguidores. A mí “In a free world” no me ha parecido tan mala, incluso creo que es un producto muy pasable y digerible. Los que alababan pestiños como “Tierra y libertad” ahora critican a este tipo genial que domina el terreno de a pié británico como nadie. Lo dicho, resumiendo: imposible olvidar “Riff-Raff”…

counterfeiters.jpgHay que elegir entre ser miope o hipermétrope vital. Luego, la realidad se impone y te das cuenta de que todos practicamos el fascismo leninismo. ¿Dónde está el equilibrio entre las dos personalidades escondidas en el maldito yo? Es la eterna pregunta sin respuesta. Robarle unos minutos al reloj o suicidarte al ritmo de los efímeros héroes anónimos. ¿Es compatible ser héroe con ser anónimo? Puede que sean dos términos contradictorios por esencia. En esta encrucijada os animo a la visión de “Los falsificadores”, que además de haber sido premiada con el estúpido Oscar a la mejor película de habla no inglesa, que a cambio de en algunos momentos atascarse un pelín en discursos lineales, esconde sin embargo una más que interesante disputa entre las ideas humanas de universalismo ético y la lucha por la conciencia individual. Una vez más, parece que todo consta de echar exceso de aliento a ajo, la vida es un eterno retorno a los mismos temas, un regüeldo gastroduodenal. El tú y el yo, la koinonía opuesta a la libertad, el imposible equilibrio.

No hay una semana santa sin Ben-Hur, ni sin cofradías sevillanas lamentándose de que llueve (para mi regocijo, ya que siempre en homenaje a ellos trato de invocar con todo mi ser al dios de la lluvia). La ví hace muchos años acompañado de mi padre en el derribado por los especuladores cine Fuencarral. Hicieron descanso a mitad para echar un méo. Era larga, y una de sus partes, la sagrada, apestaba a naftalina. Sin embargo, cada vez que vuelvo a verla en la caja cada día menos tonta, admiro su esplendor incorrupto. Admiro a Aldebarán, a Rijel, a Altair, a Antares. “Qué buenos sois, si los hombres fuesen como vosotros”, les dice el humano a los jamelgos. Me pregunto si esas estrellas serán tan bellas como esos caballos blancos. Me paso las noches de verano escudriñando el cielo para intentar dar con la clave. Alucino al imaginar cómo pudo Gore Vidal engañar a Charlton Heston para que no notase que Stephen Boyd le miraba con ojillos de carnero degollado gay siguiendo un guión que se pasaba por los cojones a la censura. Es imposible olvidar el plano en contrapicado de la cuadriga del bueno humillando al enemigo vencido. ¿Quién no tiene enemigos a los que desearía pisotear? Yo tengo alguno. Y después de golpearlos sé que soltaría una lagrimita, pero luego seguiría mi camino hacia la nada. Todo se olvida, ¿no es cierto? Los relojes se derriten, la persistencia de la memoria. Los días las tardes y las noches, dentro de nuestros barracones. ¿Hay alguien ahí? ¿Resucitaremos? Sólo dios lo sabe; escribo su nombre con minúsculas. Tú sabes que no somos buenos.

gachas@excite.com

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~ por Joputa en marzo 20, 2008.

3 comentarios to “Dios sabe que no eres bueno”

  1. Gracias por la recomendación, me resistía a ver Lo mejor de mí y me has convencido para no gastarme los euros en esa peli.

    Saudiños

  2. No te fíes de mis opiniones coruñesa, en cuanto a la película hay diversidad de opiniones a mi alrededor, a algunos les ha gustado. Te recomiendo que vayas a ver la de Fatih Akim, que aunque no llega a “Contra la pared” no está mal. Gran tipo.

  3. No tenía pensado ver la película, y ahora creo que todavía menos.

    En cuanto a Amy…

    pásate por mi blog mañana.

    Un saludo!!

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