Os echo de menos, salvajes

teeth-amy-winehouse-400a071807.jpgHacía un frío de cojones en Madrid, un aire huracanado que levantaba las faldas de las señoras hasta el punto de dejar ver los refajos. Cogí mi viejo coche y marché a deleitarme con una clase impartida por una profesora diez años más joven que yo, pero con una mala leche destilada ya muy similar a la mía en cuanto a cantidad. Por el camino me encontré a su becario compañero de despacho, el que sueña todas las noches con llevársela al catre. Su mente se dispara cuando estudian juntos a ambos lados de una mesa, cuando la pálida y lánguida teacher le comenta que lo ha dejado hace poco con su novio. Él nunca entenderá ni por el forro a Kant, pero sospecho que sacará más provecho que yo de los años vividos al borde de estos pupitres. Ella se llama Mariana y Bergson es un hombre puñeteramente excitante que la chica hace que parezca un tirano banderas de tres al cuarto. A medida que voy metiéndome en el tema del tiempo real y el espacio como pura impostación matemática mi cabeza comienza a decir basta y a insinuar que va a doler como una puta cabrona inflamada. Pero resisto en mi trinchera el cansado devenir de las interesantes palabras que en realidad no me conducirán hacia ninguna parte. Eludo a duras penas las ganas de tomar las de Villadiego. Más tarde, resuelvo un sudoku mientras escucho las complicadas explicaciones, como si mi cerebro estuviera cortado por el cuerpo calloso con navaja de barbero, como si una crónica epilepsia me hubiera posibilitado, por arte de magia y de bisturí, hacer dos cosas a la vez sin inmutarme. Y sin tomar Clonazepán.

Es muy curioso, pero en los años que llevo enfrascado en esta carrera nunca he sido el más viejo en edad de la clase. Antes de comenzar pensé que siempre ocuparía el lugar de abuelo cebolleta dentro del grupo. Me equivocaba de medio a medio. Por lo visto, se acabaron los días en que hubiese sido un bicho raro; ahora la media de edad de la clase supera con mucho la cuarentena la mayoría de los días. Aquí la people no puebla permanentemente el bar, como ocurría en mis tiempos mozos de universidad, ni se beben hasta el agua de los radiadores, como acostumbrábamos a hacer nosotros, ni amenazan a los alumnos preguntones, un antiguo y noble deporte que de tanto practicar acabé aborreciendo. Echo de menos el salvajismo. Necesito alguna compañera del estilo Amy Winehouse. Me pone la forma de lucir sus brazos llenos de picotazos y su diente roto. Me gusta pensar que debe llevar unas bragas con tantos agujeros como mis calcetines. Hay imágenes como las del apartamento destartalado de Pete Doherty que me recuerdan a los tiempos de la máquina de hacer ruido de Nirvana, a Cobain tirándose descerebrado contra los bafles, a amaneceres despertándome desorientado y congelado después de la curda nocturna.

badlieutenant.jpgSe están poniendo demasiado de moda los alegatos de los buenos contra la guerra, el humanismo, los niños chinos adoptados por familias de chalet unifamiliar en la sierra. Estamos matando al padre salvaje yankee, y cuando se muera nos vamos a arrepentir de verdad; tenía las vísceras podridas, pero era nuestro progenitor. Estamos arrastrando un insoportable complejo de Edipo de bienpensantes en el que nos arrastran a decir que todo el mundo es estupendo, que nos encanta, que nos reconocemos en cualquier sonrisa. Personalmente, cada minuto que pasa me da más grima este ser humano tan civilizado en apariencia pero tan pérfidamente egoísta en esencia, ese estúpido dominado por ese inconsciente que se niega a aceptar. Determinismos aparte: ¿quién carajo nos importa de verdad, la humanidad o nuestro paisaje familiar? ¿Por quién mataríamos? ¿Se diferencian en algo nuestros paisajes urbanos de líneas rectas y hedor a ambientador de las llanuras desoladas repletas de enemigos y alimañas de antaño? Me gustaría viajar en la máquina del tiempo y descubrirme sin rumbo en el mapa sin dibujar. Me reconozco dentro del asfalto del “Bad Lieutenant” de Keitel y Ferrara, con ese monstruo pululando por dentro que tira en dirección al lado bestia enfrentándose al mismo tiempo al discurso aparentemente lógico del deber y la culpa.

No me gustan los diarios. Este blog miente cuando se titula así. Me gustan los campos cuando hace frío y no se divisa a nadie a kilómetros. Me gusta “Meridiano de sangre”, la degusto como medicina mezclada con cerveza. Me fascina como cambiaron las costumbres de la corte de Felipe de Anjou para que él durmiera por el día. ¿Por qué no vivir a la inversa del sol dictador? ¿Por qué le llamaban loco? Qué triste es darse cuenta de que el discurso del mundo está todo basado en la falacia inductiva de muestra insuficiente. Y el domingo van a votar. Yo dormiré hasta tarde. Espero pasar esa noche soñando con escuchar “Sisters of mercy”. No creo que tenga resaca, cada día hay menos resacas. Os echo de menos.

gachas@excite.com

Anuncios

~ por Joputa en marzo 7, 2008.

2 comentarios to “Os echo de menos, salvajes”

  1. !Eres grande¡. …I hope you run into them soon

  2. eres un crack macho. gracias por lo de pensador aunque creo que te quedas corto. Tutor es un filósofo, un visionario…jaja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s