Todos somos Chigurh

soprano.jpgSe me han vuelto a poner los pelos como escarpias al ver de nuevo la escena final del último capítulo de los “Los Soprano”. Un restaurante en el que todo el mundo parece que persigue a Tony, pero en el que todo hace pensar al mismo tiempo que la vida sigue igual, al más puro estilo de la canción de Julito Iglesias. La familia y los restos de la batalla, siempre perdida de antemano la muerte, es lo que queda para ser felices junto con los fugaces recuerdos de los buenos momentos del pasado. No hay nada más, no le busquen más patas al gato.

Para mí esta pandilla de violentos y groseros gordos de Nueva Jersey ya forman parte de esa serie de pequeños retazos fascinantes de vida que se perderán en la inmensidad. Ayer me preguntó un profesor de lógica de la Complutense que por qué estaba yo allí en ese momento, que qué era lo que me había movido durante esos años a realizar semejante rimbombante viaje. No acerté a responderle más que que la única razón que se me ocurría era la de pasar de vez en cuando algún rato agradable escuchando cosas algunas veces interesantes. El fondo, mi discurso va convirtiéndose con los años en sota, caballo y rey pero, ¿qué es en realidad este trecho recorrido y qué ocurrirá en el que resta por avanzar? La respuesta importa más bien poco porque, si no nos engañamos, siempre va a ser la misma.

Es difícil no deprimirse estos días escuchando tantas tonterías demagógicas de unos y otros antes de las elecciones, pero es irritante sobretodo tener que oír las estupideces que el público en general opina sobre ellas al verse envuelto de forma irracional en tanta mierda defendiendo al partido de sus entretelas como si fueran los integrantes de su propia estirpe familiar. Quítense la venda, detrás de los programas y los carteles no hay más que lobos como usted y como yo, lobos y lobas de talla campana, cilindro y diábolo, pero todos cortados por el mismo patrón. Personajes con precio que venderían a su vecino por un plato de lentejas que les ayudase a pagar sus absurdas deudas bancarias. Tranquilidad, me niego a entrar hoy de nuevo en el tema inmobiliario, no se alarme ni se revolucione el auditorio. Sólo añadir que ustedes tienen un repugnante precio que pagan todos los días, contra el que despotrican criticando al adversario pero al que se venden como él, al fin y al cabo, como meretrices baratas. Si no son capaces de verse en el espejo aquí estoy yo, impertinente, para recordárselo, no se preocupen por ello.

chigurh1.jpgSi hay algo que se despierta en periodo preelectoral es el instinto asesino. Para calmarlo, nada mejor que acudir a ver hacer sus cositas al ojeroso e irreductible Anton Chigurh. No he sido nunca un defensor acérrimo de Javier Bardem, pero hay que reconocer que en este caso le ha tocado la lotería, el Euromillón. El personaje de este simpático y sardónico asesino de peinado paje es un regalo dulce entregado tanto por la genialidad extrema de Cormac Mccarthy (del que espero mucho a partir de ahora en la inmersión que pretendo realizar en su obra, próxima parada “Meridiano de sangre”) como por el talento, a veces irregular, de los hermanos Coen. En este caso con “No country for old men” han estado a punto de rizar el rizo y de conseguir la cuadratura del círculo. “Fargo” y su mala leche me fascinaron desde el primer momento, y “El gran Lebowsky” cada vez que la veo me gusta más. No puedo olvidar el ruido que hacen las puertas abiertas de los coches aparcados en parkings congelados del medio oeste o los discursos interminables sobre la guerra de Vietnam del genial John Goodman. “No es país para viejos” aporta una especie de magia en la palabra y el gesto, un guiño a las facetas más oscuras del individuo llano con las carencias y las ambiciones desmedidas que le llevan inexorablemente a la tragedia cuando se sale de su terreno. También hay que destacar el gran trabajo de Josh Brolin en el papel de hombre corriente bigotudo envuelto en la espiral de la violencia a cambio de un saco de billetes. El hijo del gerente imaginario del hotel Fermont de San Francisco (vease la serie ochentena “Hotel” con el barbudo James Brolin) está que se sale, quizás porque los hados del cine han premiado con el éxito a la nueva reencarnación de la saga Brolin en compensación a que el padre haya compartido lecho durante años con un ser como Barbara Streisand, suficiente penitencia para ganar premios Oscar e incluso casas santas.

Y poca cosa más que añadir esta noche de furia Chigurh. Quizás decir que todos jugamos en esta puta vida como si fuéramos habitantes de un enorme futbolín, con una barra que nos dirige introducida a la altura del ojayo, una barra que al mismo tiempo nos sujeta y no nos deja salir corriendo. Y la última bolita, por efecto de los rebotes del azar, se cuela, te meten el gol y se acaba la partida. Asín de simple, hermanos…

gachas@excite.com

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~ por Joputa en febrero 13, 2008.

3 comentarios to “Todos somos Chigurh”

  1. yo no le he cogido el punto a los soprano, no le he visto la gracia.

  2. no tengo ni idea de lo que ha pasado en la familia Soprano desde su idílica vida en los suburbios en new jersey a ese delly ubicado en cualquier parte de cualquier suburbio norteamericano, pero tras ver esos 4 últimos minutos del final, mi cerebro ha entrado en un torbellino sanguíneo generando una historia de coordenadas que acabe ahí, en ese fotograma negro (Coppola se debe estar tirando de los pelos). Y creo que me voy a quedar en este cortocircuito de recreaciones imaginarias del antes de. Me mantengo en el limbo de medianoche de los mejores momentos de nuestro pasado.

  3. Mira quién fue hablar, la mafiosa merchera…

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