Latitudes paralelas

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Estoy impactado. Voy a compartir con mi limitado auditorio “ésto” que acabo de leer. Como seguidor acérrimo de Moncho Alpuente que soy he de quitarme el sombrero ante el discurso pronunciado entre lágrimas de cocodrilo durante el entierro de la sardina por Alberto “el breve”, “el hechizado”, “el ceremonioso”, “el oprimido”, Ruiz Gallardón. Resulta casi cansino escribir sobre este redundante personaje que se ha ganado, entre filias y fobias, al menos un lugar como compañero navegante de las venas de Madrid. Asintamos con la cabeza a modo de saludo y despejemos nuestra frente de sombreros si lo encontramos por la calle caminando o en cualquier bar de esquina deglutiendo cocretas del foro. Leamos pues esta glosa , y sintamos, por una vez, admiración por un joven conservador, aunque ya no sea tan lozano para soportar el frescales calificativo:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Gallardon/Ha/triunfado/Dona/Cuaresma/gesto/agrio/estricta/conducta/elpepuesp/20080206elpepunac_15/Tes

También algo aturdido, si bien más en este caso por las hembras del próximo oriente que no por las rimas algún joven monaguillo pepero, salí del cine tras la ingesta del film “Caramel”, de Nadine Labaki. Dice esta morena libanesa que vive en una constante relación de amor y odio hacia su país. Ella habita en un país dividido y ensangrentado a causa de las eternas rivalidades de dos culturas que se niegan a asumir que sus soluciones de supervivencia del pasado han superado ya hace muchos años la fecha de caducidad, más que a un yogur Danone de plátano al que le hubiera crecido una berza dentro. El cristianismo oscuro de las falanges cristianas libanesas y el fanatismo mahometano de los chiítas de Hezbolá martiriza sin tregua al país de los cedros, aunque de estos árboles deben quedar ya muy pocos en la orilla más oriental del Mediterraneo.

La película es un retrato de la mujer en general y libanesa en particular. Cómo en el cuadro de las tres edades, encontramos retratadas en esta obra las fases de la vida: la juventud y sus sueños, con sus falsos príncipes azules y sus ilusiones; la madurez con sus desengaños y sus decepciones; la vejez con la aceptación de nuestras limitaciones y de la futilidad de la existencia como si fuera el río de Jorge Manrique (compárese esto con el texto gallardoniano anterior). Todo ello viene conjugado y conjuntado con unas condiciones de vida conservadoras encuadradas dentro de las estructuras sociales del mundo anclado en el pasado, inamovible y severo. Reconoce Labaki a cerca de este tema que en el Líbano existe a partes iguales tanto la censura social estatal de las conductas supuestamente prohibidas como el tabú imperante en la autocensura individual, cruel invasora de las mentes de los individuos que buscan no sentirse navegando solos y a contracorriente respecto a la masa, la cual se comporta como compañera inevitable y, al mismo tiempo, como verdugo portador de un garrote vil de progresiva estrangulación. Muy Orteguiano puede sonar ésto, pero “Caramel” está invadida de este sentimiento de impotencia humano.

No hace falta escarbar mucho para que llamen la atención esas morenazas salvajes, algunas de finos tobillos y otras odaliscas de mirada negra penetrante, habitantes de esta fábula de depilaciones a tirón mediante caramelo (espero que no se lo hagan también en el pubis). Tampoco es necesario poseer una sobrenatural sensibilidad (estúpido término) para conmoverse ante la relación de los dos personajes de las mujeres mayores, cargadas con el desgaste del tiempo, con el aburrimiento y la desazón que produce la costumbre, pero a la vez con la serenidad y la consciencia de saber que lo que no te mata te hace más fuerte al hacerse parte indisoluble de tu existencia.

juno.jpgEn la orilla opuesta del océano y en las antípodas de la cultura sucede la historia de “Juno”, agradable tragicomedia supuestamente independiente que trata sobre una teenager insusualmente rompedora de tópicos a la que le han regalado un bombo por arte de magia y del sexo sin preservativo. Es de agradecer la desdramatización del embarazo juvenil y el aire fresco en las venas que transmiten en ella el director Jason Reitman y la pizpireta brunette Ellen Page. En realidad, los problemas que se abordan aquí en tono jocoso son exactamente los mismos que le ocurrían al otro lado del orbe a las chicas libanesas: encontrar nuevas salidas de supervivencia más adaptados a la realidad contemporánea que las soluciones ya inoperantes que aportan las viejas ideas sociales. Toda la acción queda muy bien enmarcada en un mundo supuestamente ideal, lleno de verde e impecablemente rasurado césped, enormes casas de ensueño y sonrisas llenas de impecablemente alineados dientes blancos Profiden aunque, sin embargo, contrastando a la sazón con la soledad individual humana ante las dificultades, reflejo y escaparate perfecto de la idea de que por mucho que maquillemos con materialidades nuestra vida las miserias salen siempre a flote, como la mierda, por una simple e impepinable cuestión de densidad. Las leyes de la física no hay quien se las salte viviendo a ras de suelo, habites el país que habites y pises el barrio que pises. Da lo mismo lleves zapatos de marca, la caca de perro la pisas igual cuando se esconde furtiva en la oscuridad. Todos estamos siendo tragados por el mismo agujero negro, supermasivo, invisible para unos, horripilantemente real para los no ciegos….

gachas@excite.com

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~ por Joputa en febrero 7, 2008.

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