Preguntas en la carretera

cormac_mccarthy.jpgSalgo a darme mi habitual paseo ciclista por los andurriales madrileños y trago unas toneladas de dióxido de nitrógeno por cortesía de los tubos de escape de sus habitantes y de las autopistas urbanas de los antagónicos beligerantes Gallardón y Espe. Acabo de devorar “La carretera”, de Cormac Mccarthy, y no hago más que imaginar que este hollín que respiro podría ser el de las carreteras marchitas llenas de ceniza en las que ese padre y ese hijo buscaban la nada en su mundo crepuscular. Me doy cuenta de que aquí también viven muchos zombis hambrientos, acechando a sus semejantes para destriparlos con el único objetivo de, vendiendo sus vísceras en algún mercadillo junto a bragas y calcetines de saldo, obtener fondos para pagar las hipotecas que les encadenan hasta la jubilación.

Me siento maravillado por este relato parabólico al más puro estilo del “Ensayo sobre la ceguera” de la genial escritora y pintora Sara Mago, que diría Espe Aguirre. Una historia que, más allá de la desasosegante narración, traslada una enorme cantidad de segundas, terceras y cuartas lecturas a mi siempre destartalada imaginación. En el fondo son siempre las mismas preguntas en los diferentes libros que vamos leyendo durante la inercia vital: ¿por qué? ¿Para qué? ¿Hacia donde? Preguntas siempre sin respuesta, imposibles de contestar sin la aparición del sentimiento irracional de la creencia. Y de ese feeling no estoy nada servido. Cormac Mcarthy no se permite en su relato ni siquiera la licencia de la belleza que Zé (Saramago) se permitía en algunas escenas de su obra. “La carretera” es un catálogo de imágenes áridas de la desesperanza humana, una colección de cuestiones trascendentales sin solución ante las cuales sólo vale cambiar de tema y mirar para otro lado para intentar no ver ni de reojo la absurda realidad. Sé que ya es redundante en este blog el tema Unamuniano del imposible equilibrio entre la razón que empuja imponiéndose inexorablemente y el deseo volitivo de vivir eternamente, esa absurda pero comprensible ansia de inmortalidad humana. En este siglo XXI que nos ha tocado en suerte habitar el sentimiento trágico de la vida se encontraría ocupado en un extremo por el deseo de un trabajo que colme nuestro ego de aspiraciones; por la posesión de una casa en propiedad como modo de ostentar ante nosotros mismos y los demás que tenemos un terruño donde caernos muertos y que cumplimos con los cánones marcados por el sistema; y en tercer lugar por los hijos que tenemos que tener inevitablemente para cumplir con la tarea ideada por el ser superior de repoblar el planeta como mero signo de la bondad de la humanista humanidad. En el otro plato de la balanza se encontraría la realidad, el universo imposible de abarcar portando semejante estupidez neuronal y el sinsentido absoluto de nuestras fútiles vidas, gotas de agua en el mar más profundo dotado de una línea de horizonte tan lejana que no podría fabricarse embarcación atómica capaz ni de vislumbrarlo.

kerviel.jpgDespués de esta diatriba metafísica me siento como un estúpido delante de la tele a ver como unos niños malcriados americanos se dan de hostias en la Superbowl, una de las mayores muestras de inmundicia del deporte estadounidense que yo tanto odio, pero que me engancha con sus carreras en pos de nada, con sus tácticas enrevesadas y sus continuos intentos de asesinato del equipo contrario. No sé qué tiene la mugre, pero no me molesta, me atrae como a un satélite descarriado. Quizás es que me ha puesto de buen humor la gala de los premios Goya, y que ni la patochada “El orfanato” ni la patidifusa musa Belén Rueda se hayan llevado ningún premio importante. También es posible que mi testosterona se haya activado esta tarde con la visión del rollizo pandero de Nadine Labaki en su caramelizada película (no hablaré de ella ahora para no eternizarme). Cada vez se hace más mención en este blog a las posaderas de las actrices, es verdad, satura tanto buyate. Es ley de vida, me estoy haciendo viejo. Me veo obligado a hacer un sudoku todas las mañanas para reactivar el riego cerebral, para no olvidar a mis héroes muertos y para que nazcan nuevos. Hoy rememoraba a Kerouac leyendo los recuerdos de Joyce Johnson, y me dormiré intentando lanzar un mensaje mediante un mantra telepático a Jerome Kerviel, para que me diga cómo ha conseguido robar a un ladrón entre ladrones obteniendo tantos cientos de años de perdón. Será como el mensaje a Rudy de los Specials, para darle ánimos en la soledad de su celda desde la oscuridad de la mía.

Stop your messing around (ah-ah-ah)
Better think of your future (ah-ah-ah)
Time you straighten right out (ah-ah-ah)
Creating problems in town (ah-ah-ah)

Rudy
A message to you, Rudy
A message to you

Stop your fooling around (ah-ah-ah)
Time you straighten right out (ah-ah-ah)
Better think of your future (ah-ah-ah)
Else youll wind up in jail (ah-ah-ah)

Rudy
A message to you, Rudy
A message to you

gachas@excite.com

Anuncios

~ por Joputa en febrero 4, 2008.

Una respuesta to “Preguntas en la carretera”

  1. te recomiendo “meridiano de sangre”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s