Nostalgia del antiguo Ridley

bladerunnerdeckardrachael.jpgÉramos unos críos. Corrían los años 70. Nos gustaba pasear por los descampados de nuestro barrio frontera en esta puta ciudad. Los sábados, después del telediario y Mazinger Z, echaban películas del oeste o de guerra. Evidentemente no existía lo del horario infantil, y ni falta que nos hacía. En aquella época, cuyos recuerdos me mantienen en pié cada día, Ridley Scott se marcó unas cuantas peliculitas para quitar el sentido, unas cositas que nos hicieron gozar casi sin enterarnos de lo que habíamos visto. 

Este señor, Ridley, soltó tres obras seguidas para la historia en apenas cinco años: “Los Duelistas”, “Alien” y “Blade Runner”. Las tres maravillas se salen del tiesto. Inolvidables Harvey Keitel y Keith Carradine batiéndose hasta la extenuación en medio de las guerras napoleónicas; irresistible la jovenzuela Sigourney Weaver peleándose con el bicho asesino; se agotan los calificativos ante “Deckard” Ford, la loca replicante Sean Young y las lágrimas disueltas en la lluvia de Rutger “Roy”. 

Los tiempos cambiaron rápidamente. El mayor de los hermanos Scott se secó como una charca en el desierto. Salvaría, si acaso, “Black Rain” y “Thelma y Louise” del desaguisado que cuajó a partir de finales de los ochenta. Y es que con muy buenas intenciones ha lanzado a las pantallas auténticas mediocridades como “Gladiator”, “Black Hawk Derribado” o “El Reino de los Cielos” (a mayor gloria ésta del paquete de Orlando Bloom). Ahora, ya muerto y enterrado, vuelve a entristecernos, a recordar con nostalgia viejos tiempos, con el truñete “American Gangsters”. Es triste ver películas de flamante realización, presupuesto, actores del star system, tiros a diestro y siniestro, y, sin embargo, filmes con la sangre de horchata y sin alma alguna. Viniendo de gente que era capaz de llenar de contenido una narración sólo con los gestos y miradas de odio o desesperación existencial de Feraud y D´Hubert resulta mucho más imperdonable. 

Que no se me olvide otro asunto. Que antes conste que Denzel Washington me cae bien, aunque tampoco sé por qué. Pero se me atraganta que aun haciendo un papel de malo siempre se convierta en el bueno; aunque haga el papel del tipo más cabrón del mundo el afroamericano escarizado no puede evitar ser más blando que una mierda de pavo. Un efecto parecido es el que producen los personajes encarnados por Russell Crowe, pero a diferencia de Denzel el australiano recubre de una capa de cretinismo todo lo que toca, y aunque interpretase a la golondrina del Príncipe Feliz nos darían ganas de que le pegasen un tiro en la segunda escena. 

Conclusión: Ridley ha muerto el solito. No es el mismo caso el de Ang Lee. Sí, está vivo, pero su última entrega al séptimo arte me ha dejado al borde de cortarme las venas. Después de la increíble fábula de los gay cowboys, impresionante y conmovedora historia con un Heath Ledger impresionante (sí, yo tampoco me lo podría creer), el director taiwanés va y suelta sin comérselo ni bebérselo un tremendo folletín chino de más de dos horas y media de duración cuyos primeros sesenta minutos te dejan al borde de la extremaunción. Conviene pues ir bien comido, mingitado, hecho de vientre y,  si se puede, con un Valium ingerido para soportar la que se te avecina si te obligan, como a mí, a apoltronarte a ver joyas como ésta. Cuando la película lleva hora y pico te despiertas de golpe sobresaltado por un par de escenas de sexo explícito protagonizadas por la calentorra Wong Chia Chi que alegran un poco la vista. Luego un par de miradas caústicas al estilo Wong Kar Wai (la película suelta un tufo imitador tremendo respecto al sinvergüenza Hongkonés) que se tiran entre ella y Toni Leung, y, en un periquete, pone fin y te sientes aliviado. También algo cabreado.

Parece que últimamente no me gusta nada de lo que veo. No paran de recriminármelo. No sé que me pasa. Serán las malditas fechas que se me atragantan y me ponen agresivo. Me dan ganas de levantarme y romper la pantalla con una estaca. Mucho más después de que hace unos días me llevaron a ver inodoros a Saneamientos Pereda, sito en la calle Bravo Murillo de Madrid en el antiguo edificio del cine Europa, donde éramos felices viendo programas dobles y asistiendo de tapadillo a mítines del PCE o del PCPE. Qué tiempos aquellos. Qué agresividad y qué ira actual, argggg….hummm  (interjecciones guturales inventadas).

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~ por Joputa en enero 4, 2008.

Una respuesta to “Nostalgia del antiguo Ridley”

  1. Gran video, pero el de Cecilia era insuperable…

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