Pues sí

rey_principal.jpgPues sí, han sido días de meterse en la cueva a regocijarse del mal propio y del ajeno. Pero la ventana se abre a veces con divertidas escenas que hacen que el viento corra, que todo se oree y no huela a podrido. Escenas cómo la de ese genial teatrillo casposo que es la Cumbre Iberoamericana, durante el cual el rey se pareció mucho a su homólogo de bastos mandando callarse al cantante de ballenato Chávez. Toda una ensoñación muy similar al maravilloso espectáculo onírico de los hermanos Oligor, en el que Valentín era personificado por Zapatero y Virginia por Aznar telefoneándole llorosa para darle las gracias por su caballerosidad.

Al Borbón no se le escapó un taco (un “callate coño”, o un “hijo de puta”) a causa de que hace un par de meses que le han obligado a no embriagarse al acudir a actos públicos, porque, ya se sabe, esto provoca ataques desaforados a derecha e izquierda, desde Frodo Los Santos hasta Bakunin redivivo. Hay que reconocer que para ir a cualquier foro a defender a compañías españolas del pelaje de Telefónica o Repsol hay que tener un par de testículos muy bien puestos en la entrepierna (o llevar una petaka bien cargada de whisky Dyck). Ni el monarca de todas las Españas puede negar que los bancos y las multinacionales patrias se enriquecen todos los días gracias a mantener sus particulares gulags sudamericanos, y sin ni siquiera molestarse en la compra de vaselina.

Tampoco nos dediquemos a endiosar al tercer mundo, por muy regicidas y, por ello, simpáticos que parezcan. Esos países están habitados por gente tan ruin y depravada como nosotros mismos. No en vano el término gulag ha sido reinventado recientemente por el pequeño de los Bush, que es un gran monologuista. Se le podrá tildar de cualquier cosa negativa, pero no se puede negar que el tipo es graciosete. Su última frase para la posteridad es la de calificar a Cuba como “gulag tropical”. George y yo tenemos en común que nunca hemos leído a Solzhenitsyn, pero ni mi sucia mente hubiera definido mejor, con más tino, al caótico país caribeño. Cuba es más bien un cutre gulag, de playas falsamente mitificadas, con una gastronomía más que discutible (pelearía en un concurso con Inglaterra para ver donde se come peor) y con gente de un comportamiento bastante plasta para el visitante. Si a estos factores los aderezamos con que, se quiera o no, es una dictadura pura y dura en la que la gente de la calle no se atreve a hablar por si el vecino les delata, y que sus jerifaltes gobernantes parecen más bien personajes de una opereta selvática, pues ya tenemos todo el pastel cocinado. Y dentro del gulag, como enroque supremo, existe otro gulag, el de Guantánamo, lleno de presos barbudos que intentan ahorcarse con las sábanas de su cama, pero que no cantan Guantanamera, sino que espantan a la fauna autóctona recitando El Corán. Sus guardianes, lustrosos chicos del medio oeste norteamericano saborean este absurdo falafel para satisfacer sus más bajos instintos de venganza.

Y, no se engañen, follar en Cuba también sale bastante caro. La Casa de Campo de Madrid es una opción más económica para cualquier putero que quiera catar mulata, negra o un fornido moreno travestí. Y si uno es pasivo sexualmente hablando no hay nada mejor que acudir a un banco y firmar una hijoputeca. Pero, ojo al parche, no hay nada como un buen dolor provocado por la dilatación abusiva y a la fuerza de tu propio esfínter para hacerte despertar y para que resucite en tus pútridas entrañas el olvidado espíritu revolucionario.

La charla iberoamericana terminó entre bostezos. A la salida, el rey alquiló una moto, se puso el casco para que no lo identificasen los viandantes pinochetistas ni los allendistas, despistó con asombrosa facilidad a sus escoltas (que, no nos engañemos, no pusieron mucho interés en fastidiarle la noche de parranda) y puso camino a un puticlub cercano que le había recomendado Daniel Ortega durante la sobremesa. Por un ratito fue feliz cabalgando a lomos de su burra metálica y cantando a voz en grito durante el trayecto la coplilla que reza “de alto cedro voy para macané…..”. Una vez más había conseguido abstraerse de la sombra de los míseros recuerdos que siempre le perseguían: la cara de chimpancé de su esposa griega y las continuas murmuraciones a cerca de las cochambrosas andanzas de sus holgazanes hijos, yernos y nuera. Por suerte no lo pararon en ningún control de alcoholemia. La noche volvía a ser joven. Pues sí.

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~ por Joputa en noviembre 11, 2007.

2 comentarios to “Pues sí”

  1. Leches, ya era hora, llevas muchos días en el dique seco…

  2. Que te calles!!!!!!

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