Reconocer a tus santos

A guide to recognizing your saintsEn mi casa hace un frío de cojones en invierno. Está orientada al norte. Cuando el aire viene de la sierra hay que subir la calefacción irremisiblemente. Es que he nacido y vivo en la ladera de un monte, aunque esté cubierto de asfalto y ya no parezca tan fiero.

Hace años que sé hacia donde está orientado mi balcón porque, por la noche, si miro adelante y hacia arriba, veo un punto rojizo, una gigante roja que a la vista de los humanos es muy pequeña. Es la Polar, la estrella Polar. La llevo viendo ya casi cuatro décadas. Es de las pocas referencias que me quedan que no se han movido. En los días más negros y tristes, cuando ni en la distancia hay nadie al otro lado de un teléfono, me digo a mí mismo que siempre quedará ver el Tour de Francia en julio y la estrella Polar, si se atreve a salir por debajo de las nubes.

Cuando las cosas van realmente mal salgo a mirarla para recordar todo lo que me hace sentirme seguro en este barrio y con esta gente. Intento acordarme de todos los que se han ido lejos o los que se han muerto, los que eran el alma que latía en estas calles, bajo las que hay un páramo en el que te hielas en invierno y te asas en verano. Me asomo a la ventana a intentar oler los olores y a adivinar los descampados que han desaparecido. Echo de menos a la gente de palillo en la boca y zapatos gastados que habitaban aquí en otros tiempos, a esos que lo han resistido todo a cambio de nada y que ahora se encuentran, al estilo del lince ibérico, en vías de extinción.

Cada día que pasa todos estos recuerdos están más difuminados, pero, al mismo tiempo, más presentes. La percepción del tiempo es más rápida año a año, y las únicas anclas que quedan para no flotar en esta deriva son la memoria y fugaces encuentros con personas de otro tiempo y otro lugar, un tiempo en el que corríamos sin saber hacia donde por explanadas de arena en las que no había aun caminos trazados, en el que todo nos daba lo mismo y en el que nos subíamos a los árboles sin caernos.

Doy fe de que se tarda mucho tiempo en reconocer a tus santos, y que, por desgracia, sólo se los identifica cuando se han largado a por tabaco y no han vuelto más. No se necesita una guía para encontrarlos, como la de Dito Montiel, se les reconoce cuando, después de que te rescataron un día ya casi olvidado, te duele el recordarlos en la lejanía.

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~ por Joputa en junio 19, 2007.

2 comentarios to “Reconocer a tus santos”

  1. No te pongas tan gay, que me haces llorar, buaaahhhhhhh

  2. Sólo puedo responderte cn la cancioncita: Luis Enrique, tu padre es Amunike….

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