Supervivencia, la madre de la ciencia

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Concha pregunta a Mariano: “¿vendrás a comer?”. Mariano, ataviado con traje pero también con aletas de bucear y tabla de surf, contesta desde la puerta: “quizás”. Mariano no es Mariano Rajoy, es el personaje de las tiras de Forges, que en su viñeta de hoy ve afectada su vida familiar y conyugal por el cambio climático. En Madrid están comenzando a brotar enredaderas en los muros, a criarse ranas en los charcos, y los bajos de los pantalones de los transeúntes están más mojados que las bragas de Isabel Pantoja cuando recuerda a su Cachuli. Tanto hemos entonado la danza de la lluvia para calmar la pertinaz sequía que cualquier día revienta el pantano de El Atazar y nos lleva a todos hasta el mar, como decía la copla de Jorge Manrique.

Gunz, Mindel, Riss y Würm pasaron sus tristes existencias admirando los estratos terrestres para sacar la conclusión de que Europa había vivido durante milenios en un flujo constante de congelarse y derretirse, como le ocurre cada noche a los helados que venden en los supermercados DIA. Gracias a los cambios climáticos consiguieron un sueldo de becarios permanente, se aseguraron el pan. En realidad es la misma lucha por la supervivencia que van a protagonizar este verano nuestras amigas las medusas, que ya afilan sus urticantes cuerpos en las proximidades de la costa Murcia, haciéndoseles la boca agua al pensar en la mierda que las macrourbanizaciones pimentoneras sueltan por sus sumideros, bocatto di Cardinale para invertebrados.

Los pescadores Malagueños dicen que han visto grandes bancos de estos animalicos ya cerca de la costa, que les han preguntando al pasar que por donde había que tirar para ir a Marbella, que habían oído que flotaba mucha inmundicia por allí. Los esforzados faenadores de la mar les han contestado amablemente que es la primera playa a la izquierda, y que no teman, que este año no piensan mover un dedo para pescarlas, que los cabrones del ministerio aún no les han pagado lo pactado el año pasado por limpiar un poco la costa y que los bañistas pudieran mojarse el culo sin irritárselo.

Dentro de nada hasta los mejillones, las chirlas y las palometas se tornarán en depredadores y nos morderán los bajos. Los tiempos están cambiando, ya lo decía Bob Dylan.

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~ por Joputa en mayo 24, 2007.

Una respuesta to “Supervivencia, la madre de la ciencia”

  1. Pues esto no es nada, acuérdate de nuestros días de verano en Porquerolles, eso si que fue una manifestación multitudinaria. Se acabaron las aguas calientes, vamos a tener que buscar playas más frías… o aprender a convivir con las medusas, que dice Nilo que las pequeñas no pican…

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