Escala infinita de grises

•enero 27, 2015 • Dejar un comentario

escala11

Madrid flotando sobre un riachuelo
sobre un cubo de agua de fregar.
En la oscuridad
despierto
y veo Madrid desolada;
hace un sol del demonio
oscuridad
tenebrosa
bajan por las calles
cortejos fúnebres
hacia Sol
donde nos reunimos para celebrar
el polvo al polvo.

Madrid desolada,
hace calor
pero es invierno.
Bebemos por las esquinas,
recordamos pasado glorioso
mientras se atascan las alcantarillas
con el vidrio de los vasos.
¿Hacia dónde corren todos esos ríos
que van a parar al sucio mar?
Nadar para morir
justo antes
de llegar a la playa.

Madrid tenebrosa,
escarcha caliente,
hogueras al cielo
a miles de grados
sopla el viento,
ruje,
león enjaulado
que se lo lleva todo
y despierto cuando
ya es verano
y hace un frío del demonio.
Madrid sumergida,
Madrid niñata consentida,
otra vez
en la oscuridad,
Madrid
escala infinita de grises.

La piel dura

•octubre 13, 2014 • Dejar un comentario

piel1b

Llega el verano a la gran picadora de carne. Madrid se convierte en la parrilla de San Lorenzo. Es la gran Luperca que amamanta a sus fieras iracundas achicharradas sobre sus siete mil colinas. La ciudad ha cambiado, los taxistas me adelantan a toda velocidad, por la derecha y por la izquierda. Los antiguos “pelas” siempre caminaban a paso de pisar huevos para esquilmar con desdén a sus clientes. Pero ahora se ha impuesto el estilo de conducción propio de un pakistaní neoyorkino. Una vez uno de esos pakistanís me llevó a toda velocidad hasta el Waldorf Astoria, y sobreviví. Me gustaría volver por allí, pero ya dudo de si podré alguna vez. En las noches de Madrid en que no sopla ni siquiera el viento abrasador, uno de mis dos tíos octogenarios no enciende el aire acondicionado de su casa por temor a constiparse. Prefiere sudar sobre el colchón, una salada piscina olímpica de sábanas. Él, que hizo la mili entre las gélidas tropas de alta montaña de Jaca, después de que le echasen del cuartel de la calle Canarias por robar. En mi cueva no hay aire acondicionado, ni lo habrá, porque soy el guardián de su memoria, quieran o no quieran. Como mucho tendré un ventilador comprado en los chinos, porque detesto el ruido de fondo de vuestros aparatos refrigerantes.

Mi otro tío de más de ochenta tacos, sólo dos años menor que el anterior (hijos de polvos únicos en años alternos), descansa sobres su catre con un brazo escayolado. En su casa, cuando el termómetro se dispara, comienzan a aparecer impepinablemente las cucarachas. Madrid está taladrado hasta el tuétano por ellas. A mi tío se le ocurrió perseguir a una para asesinarla a sangre fría, con saña, tropezó y cayó al suelo junto a la nevera. Lloró su mala suerte. Ella escapó bajo los muebles carcomidos. Él, que minimiza todos los riesgos al máximo, que hace años que no sale del kilómetro cuadrado de alrededor de su morada, que tiene tanto miedo a la muerte, va y se descojona un brazo en su propia cocina. Él, al que metieron en la cárcel de Carabanchel unos días por robar las baterías del motor de un avión, de un caza de los americanos de Torrejón. No pudieron probar nada y le soltaron. Mi madre fue a verle a la prisión y lloraron al saludarse a través de los barrotes. Las baterías estaban escondidas debajo de la pila de la cocina de mi casa, con las cucarachas haciendo guardia. Esquilmar a un yanki debería estar siempre potenciado mediante incentivos, por pura estética. Alimentar a las cucarachas da sus frutos, acabamos sintiendo simpatía mutua.

piel3Trabajé un verano para un periódico catalán que quería hacer las Américas en Madrid. Lo dirigía un tipo con cara de podenco al que habían nombrado cronista oficial de la Villa y Corte. El hombre tenía tanto oficio como cara de culo, y me torturaba mutilando mis textos con la excusa de “demasiada literatura”. Tenía toda la razón con lo de “demasiada literatura”, soy un exagerado. Una mañana de agosto fui a una rueda de prensa, y cuando regresé me llamó a capítulo a su despacho. Me dijo que no se podía ir en pantalón corto a esos actos oficiales. Yo nunca preguntaba nada en las ruedas de prensa, no me interesaba absolutamente nada de lo que contaban en ellas sobre Madrid. Siempre en esos lugares me han mirado raro. No por no preguntar, sino porque me gusta llevar pantalones cortos en vez de corbatas, y ellos pasaban mucho calor y cierta envidia al observarme. Lo triste es que aguanto las temperaturas extremas algo mejor que la media humana, mis cojones y yo tenemos esa especie de termostato particular que no nos hace sentir el frío, el calor e incluso, muchas veces, el dolor físico. Pero no podemos controlar el asco hacia el prójimo.

El veinte de julio de hace cuarenta y cinco años, Armstrong aterrizó sobre la luna. Me refiero al astronauta, no al ciclista. Nada más bajar del módulo lunar y de decir sus famosas y estúpidas trascendentes frases, él y Aldrin observaron con estupor que había huellas anteriores a las suyas. Eran, sin duda, marcas de patas de lobo. Detrás de unas rocas pudieron ver a Luperca, escondida, enseñándoles los dientes. Su mirada les atravesaba la piel. Juraron no contar nunca lo sucedido. Borraron las huellas con una escoba que llevaban en la nave. Armstrong quería pasar también la fregona, pero Aldrin no le dejó. Las fotos de todo lo acaecido se encuentran guardadas bajo siete llaves en lo más hondo del Area 51, aunque también se comenta que existe una copia pirata en la caja fuerte de Bárbara Rey. Cumplo los años en el mes de julio. Siempre me regalaban dinero. Odio a los que regalan dinero y las fiestas artificiales. Tenía que asistir a mi propia celebración a regañadientes. No me gustan los cumpleaños, ni las bodas, los bautizos o las comuniones. El dinero no compra tiempo, el tiempo dobla la cerviz ante la muerte; piedra, papel o tijera. Todos buscan excusas para sobrevivir, y las respuestas que quieren escuchar. Quieren que les cuentes que es absolutamente seguro que mañana volverá a salir el sol, aunque sea abrasando, y que les concederá una prórroga de unos días más. El año termina el 31 de agosto, la nochevieja discurre durante la primera noche de septiembre. Coartadas para seguir corriendo sobre la piel dura de Madrid. Puede que mañana nos volvamos a encontrar.

Triple salto mortal (13): Pequeño ángel blanco

•abril 12, 2014 • Dejar un comentario

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Pequeño ángel blanco, ángel con olor a saliva y sabor a serrín, dame fuerzas para continuar sin desfallecer ni molestar. Te tengo miedo porque no tengo miedo a nada, y porque sólo tú me pones los puntos sobre las íes. Pequeño sueño del revés, no sueño porque no quiero perder más, acaricio sombras con la punta de los dedos, y no correré por mucho que grites que estás ardiendo. Sombra sobre tu sombra, caminaré sólo hasta el fin del camino. Escucha cuando te miren, tápate los oídos de colores. Pequeño ángel, gigante de luces, bocado de realidad dormida, poseo tu cuerpo, pero no llores porque el puente fluye por encima del río y no hay más. Desiertos en las nubes y paradojas entre el barro. Pequeño ángel blanco, borracho de tu nombre, asfixiado por tu sueño. Me despierto y nunca has estado aquí.

 

 

Triple salto mortal (12): Paraíso

•noviembre 28, 2013 • 1 comentario

dresde

Paraíso,
las calles en llamas,
tu boca y tu cuerpo
descontrolados,
tu piel mordida
por la pólvora
y tu alma arrastrada,
porquería,
por la lluvia dura.
Paraíso,
tu cabeza cortada
sobre mi televisor
con la lengua fuera
mientras veo “Johny guitar”.
Odiar es no decir nunca
lo siento.
Paraíso,
tus semillas atadas
al suelo,
darte limosna con
mentiras
piadosas
que te convencen,
acorazados disparando
cañonazos
con las guitarras
y cristales
cortándote los pies.
Paraíso,
caerse todo a trozos
para que no resucite,
matar a la asquerosa
ave Fénix,
verte a ti
y a todos los tuyos
camino de un nuevo Auswitch
construido a las afueras de Madrid.
Paraíso,
satisfacen mi alma
con su pena
todo lo que tienen es
bonito
menos para mi.
Odiar nunca es suficiente.

Historias casi verdaderas (12): Hornby y Lou

•noviembre 6, 2013 • 3 comentarios

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-UYyyyyyy. Coño. Ese rubiales que juega por la derecha creo que es el hijo de Paquito Llorente, “el lechuga”.
– Pues es un paquete el cabrón.
– Recuerda: “Paquitooooo, te quierooooo”. Aquellas dos carreras por la banda en Das Antas…
– Sí, y “Michel, Michel, Michel, maricóooon”. Qué tiempos…
– ssssttttt. Calla, que estos viejetes nos hostian, un respeto.  Esta ciudad deportiva nueva es igual que la antigua, llena de jubilados.
– Pues sí, tío, lo que te estaba diciendo. Entro en su casa y le veo ahí, en su habitación, viendo al Farsa en la tablet, como un furtivo. Y se me escapa por instinto: “a ver si le rompen la pierna al puto hormonao de mierda. Messi, muérete ya…”. Y me dice que por qué digo eso, Y le digo que es mi religión. Me dice que él es del Madrid y que no piensa así, y yo le contesto que él no es del Madrid ni de ninguno, y pienso en lo gilipollas que es en realidad y de repente siento cierta empatía hacia él, pero enseguida vuelvo a mi psicopatía, por suerte. Y sigue mirando a la tableta y a la puerta al mismo tiempo, por si su mujer le pilla viendo la tele y el fútbol, qué escándalo. La tele, qué invento de Satanás, toda manipulada por una confabulación judeomasónica capitaneada por Aznar, Angela Merkel y Jesús Gil, que en realidad fingió su muerte. Y Busquets se cae al suelo y yo digo: “dale más fuerte, rómpele la rodilla, joder, hijoputa…”. Y él me mira con desprecio y me dice que eso no es deportivo, y seguro que piensa en decirme que no diga tacos por si los escucha su hijo, pero no lo dice para no parecer aun más maricón de lo que es. Y sigue mirando la mini tele ahí encogido, como si imitara a Lou Reed haciendo Tai-chi. Él tiene varios discos de Lou Reed, y un montón de libros en las estanterías que le hacen sentirse mejor, y se compadece de mi y sé que piensa que soy un gilipollas, pero yo sé que su mujer le ha contado a la mía que le ha puesto unos tochos que no le caben por la puerta con un compañero de trabajo y que quiere divorciarse de él para seguirse follando al maromo, porque hace un año que no fornican, pero que él dice que no, que quiere que lo intenten de nuevo, que no le importa, que ha sido un error puntual. Y él no sabe que yo lo sé, pero sigue mirándome en plan condescendiente y aleccionador, como una persona civilizada con una vida plena mira a un animal y yo me río para mis adentros. Y yo le dije a mi mujer que le pidiera a la suya la edición rara esa que tenían del TakenoPrisoners firmada, y accedió a prestárnosla porque a la zorra de ella no le gusta nada, y cuando llegó a mis manos la vendí y les dije que me había sentado encima y se había roto. Y lo que siempre me consuela al verle es pensar que si me enfado de verdad alguna vez con él aunque me saca dos cabezas yo puedo en dos segundos arrancarle la suya y colarla en la terraza de su casa de una patada, sólo si me caliento de verdad, porque me he vuelto medio maricón y ya casi ni se me hincha la vena nunca.
– Han podido contigo, han debido abrirte el orto bien abierto. Cuando trajiste a su hijo al Cuernabeu parecía un amish viendo porno por primera vez, con los ojos como platos admirando el salvajismo y los berridos. Pobre crío. Si quieres hacemos un fondo y le regalamos una tele de 32 pulgadas para su habitación, para que el niño les joda la vida.
– Una tele y un Lib Supertetas. Por verle la cara valdría la pena. Le regalé al crío para su cumpleaños un CD con el “Exile on main street”, y una bandera de los ultras de los “White Boys”; el disco se lo tiró la madre a la basura, y la bandera la pusieron encima de la cama del perro y éste se meó en ella y le hizo un agujero en medio del escudo. Y él dice que Casillas es el mejor portero del mundo, y que cuando era joven admiraba a Butragueño, al maricón del Buitre que jugó bien tres años y nos amargó otros siete. Con Mourinho a muerte, hijos de puta.
– Uyyyyyyy, ese negro de la Juve no deja pasar uno, o la pierna o el balón, pero nunca pasan las dos cosas.
– Esta “Youth Champions League”, vaya competición en la cumbre. Ese negro debe quitarse años, como Falcao, y en vez de diecisiete seguro que tiene veinticinco. Y la tranca que debe tener.
– Cristiano tiene dos casas en La Finca, una enfrente de la otra. En la primera viven su madre, su hermana, su hijo, algún familiar de paso… y la segunda la tiene sólo para las putas. Y Benzema sólo necesita una casa en dicha urbanización de lujo, para él, para sus amigos y para las putas le sobra con tener diez habitaciones, un cuarto de estar con mueblebar y un baño, una vivienda estándar, vamos.
– Yo invito luego al cubo de cinco cervezas.
– ¿Ese tío no es Vierchowod?
– Han puesto una estatua de Puskas ahí fuera.
Yo quería jugar al fútbol por el entrenador. Decían que era muy liviano para jugar de defensa, pero yo les decía que jugaba de extremo. Porque un día tendrás que tener los pies sobre la tierra si no quieres caer…y morir….

Triple salto mortal (11): El suero de la verdad

•octubre 3, 2013 • Dejar un comentario

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Dolor es pincharse con una aguja
y que salga sangre.
Dolor es sentir lo que se siente
y no lo que crees que debes
sentir.
Dolor es lo que no quieren
pero lo que desean
aparentar.
Dolor es sudor y gasolina
el camino que termina
siempre contra la pared.
Dolor es sueño
de ibuprofeno
y
Gelocatil
lo que por mucho que digan
siempre llega
y siempre
llegará
extraño.
Dolor es
lo que me gusta
porque
no les gusta,
no abandona,
adelgaza y
engorda
y siempre llega a tiempo
y llegará
aunque pille un atasco,
aunque intenten
silenciarlo
a voces.
Dolor es lo mejor
haciendo la guerra y las
paces
y no quieren enterarse de que
es
lo único auténtico
el porque sí.
Dolor todo
lo
bendice,
dolor todo
lo
borra.
Me gusta
porque no les gusta,
dolor Lexatín y
Diazepam,
dolor whisky y
endorfina,
dolor es tu familia
política,
nuestro suero de la
verdad.

Pascalianos bajo la lluvia

•marzo 12, 2013 • 4 comentarios

lluvia

Sí, yo también pagaría mucho de lo poco que tengo por no ser consciente. Hablo de esa consciencia que te hace ver cómo el tiempo transcurre en espiral siempre cuesta abajo, hasta el fondo. Cuando te mojas bajo esa tormenta de silencio ya no te puedes secar, pero no por haberla visto cara a cara dejas de temerla. Los mojados somos en realidad los que más tememos a la lluvia, por mucho que diga lo contrario el genial Juan Madrid. Buscar a los mojados es como viajar con un farol en medio de una inmensa estepa de oscuridad. Bajo esa gigantesca penumbra no ves más allá de tu nariz, sólo puedes intuir sombras y entregarte a los dictados de la madre suerte. La fría llanura es inamovible, y tú tienes sólo un poco de tiempo para explorar un grano de arena de su montaña. Y ya te diste cuenta de que las zarzas ardiendo que no se queman no son más que un cuento. Zarzas ardiendo, felicidad, destino u orden cósmico, llámalo como carajo quieras. Los pascalianos se dan de hostias con los positivistas y los humanistas, mucho más numerosos que ellos. Apuesto a que Ratzinger es en realidad un pascaliano disfrazado de determinista. Yo sólo aprecio a unos pocos, muy pocos, de los humanos y a algún que otro animal. Puede que todo acabe en esquizofrenia o simplemente en un eterno ataque de mala leche, pero no miento diciendo que el resto me importa huevo. Dolor no es pincharse con una aguja y que te salga sangre. Dolor es sentir lo que se siente y no lo crees que se debe sentir o dicen que hay que sentir. Dolor es lo que no quieren, pero que desean aparentar poseer. Dolor es vacío y soledad al mismo tiempo. Y todo se desvanece.

Parte de mi vida ha llegado a donde yo quería que llegase, mis grandes itinerarios del placer son: cama-cine, cine-cama, cama-Alcampo, Alcampo-cama, cama-bici, bici-cama. Dormir e ir al cine son cosas muy parecidas. Veo a Daniel Day Lewis haciendo de chica Almodóvar en “Lincoln”. Y a  Ben Affleck levantando premios. Ben Affleck se deja barbita y un flequillito muy mono para no parecerse al gilipollas de Ben Aflleck. Pone cara de sufrir en silencio sus hemorroides durante dos horas de película y, al final, con una bandera yankee de fondo, se folla a su exmujer, la que le había echado de casa por ser todavía más gilipollas que en la vida real. La cuadratura del círculo. Una historia redonda, de esas que hacen que los cretinos aplaudan al acabar la sesión en el cine, que podría suceder perfectamente tanto en Teherán como en Wisconsin, en Albacete o un domingo por la tarde cualquiera mientras ves flotar moñigos sobre el represado Manzanares y afirmas hinchando el pecho: “qué maravillosa ciudad”. Recuerdo aquellos días convulsos de la “Era Carter”, la portada de aquel periódico que trajo mi padre por la mañana con la foto del helicóptero de los Delta Force caído sobre el terruño de los simpáticos iraníes, cuando el bizarro cuerpo de élite estadounidense acudió a liberar a sus pobres rehenes de la embajada. Curiosamente ese detalle se omite en “Argo”. Me caía bien el Ayatollah Jomeini, ese señor barbudo con eterna cara de mala leche que se dedicaba a intentar dar por culo a los americanos con cualquier excusa. Sin embargo, Jimmy Carter era un gilipollas estreñido, con cara de echar ambientador en el retrete para que su mujer no protestase cuando salía de cagar. Ronald Reagan era mucho más simpático, y nos alegramos mucho cuando le ganó aquellas elecciones al puto georgiano. Billy Carter era un cachondo mental, ese gran hermanísimo, tanto como el borrachuzo de Gerald Ford. Qué tiempos aquellos. Todo ha cambiado para no cambiar nada. Dice el mareaperdices de Murakami que todo se va disolviendo con el tiempo, que todos los tuyos van desapareciendo poco a poco, hasta que no te queda nadie o tú mismo te vas por el sumidero. Leer es como montar en bici, correr o volar. O deambular. O fornicar a piñón fijo pensando en otra que no está. Y en una pelea entre los Stones y los Beatles siempre me gustaría que muriese Paul McCartney, a ser posible con dolor.

Cada mañana deambulo por Madrid en compañía de la tribu que trata de matar el tiempo sin lugar adonde ir ni rumbo. Famélica legión de jubilados, yonkis, parados, escépticos, cínicos, borrachos… acompañados por una tropa travestida con chalecos reflectantes: lacayos-policía, vigilantes de aparcamiento, hombres anuncio que compran oro, ciclistas de acera. Pero hay otra tribu, la enemiga, la que sale de las oficinas a las siete de la tarde corriendo y se dirige rápidamente a su casa a soñar con beber gintonics mezclados con ginebra de marca, a soñar con matar la mañana en largos brunchs, a soñar con comer sushi a precio de oro, a soñar con  tomar delicioso café aguado  en un Starbucks, a soñar con vestir zapatos de marca para disimular sus tobillos gordos, a soñar con practicar sexo tántrico y yoga todo a cien, a soñar con que su esposa o marido al abrir la puerta les sorprenda y vuelva a estar follable (si es que lo estuvo alguna vez), a soñar con que el horóscopo se confirme científicamente de una puta vez.  “Todos tus deseos pueden cumplirse”, les gritan una y otra vez desde sus teles planas, “con esfuerzo todo es posible”, afirman, “si te lo propones con fuerza alcanzarás tu objetivo”, nos cuentan. Dicen que venceremos en la lucha contra el cáncer mediante revolucionarios tratamientos homeopáticos, que alcanzaremos la vida eterna, que la naturaleza es sabia y buena, y que para cuando el sol se expanda para achicharrar el planeta Caspa-Tierra ya habremos construido naves espaciales lo suficientemente potentes como para emigrar hasta otros lejanos e infectos sistemas solares. Pero si aprietas fuerte y lo deseas con toda tu alma es más que posible que sólo te salga un pedo. Todo seguirá igual, sé feliz, enhorabuena, lo has conseguido. Hay pocas cosas más mentirosas e ignorantes que la sabiduría popular, cargada siempre del positivismo más rancio. Finales con moralina. Venderán sonrisas en latas Hacendado, y botes de esperma Carrefour con cien por cien de efectividad demostrada. Pero lo único realmente cierto es que nadie gana, que todos pierden, aunque algunos tarden más que otros en hacerlo.